Suspira el querubín por esos hermanos mayores que no se quieren ir y sueñan con la prórroga de la final de un mundial, pero que ganan ellos con el gol de oro como Francia a Italia en aquella Eurocopa.
Susurra el serafín porque sabe que treinta minutos más y una tanda de penaltis no son la pena máxima, sino el placer deseado que no se va por los cerros de Úbeda y que vuelve para estar otro ratito más, para estar mandando más que cualquier gestora de turno.
Suspira el ángel porque sabe que hubo un hermano mayor que fue el pionero y mostró el camino de los trielegidos. Ahora lo quieren imitar, pero sin el talento ni las maneras ni las formas de quien debe estar y de quien no se quiere ir.





