El último latido para el éxtasis

Sumergida en un eterno letargo de espera y con las ansias a flor de piel, la última filial rociera proclamada por la Hermandad Matriz de Almonte, hace más de dos años, ultima los preparativos para el anhelado primer viaje hacia la aldea onubense. Una travesía pospuesta por culpa de una pandemia que nubló de dudas el horizonte romero de la Corporación que alcanzaba un sueño tras más de veinte años de trabajo.

La Hermandad de Linares, 125º en el goteo de Cofradías filiales, vivirá su primera salida al amparo de la viveza colorada del Simpecado que concibiera el iliturgitano, Pedro Palenciano, a lomos de una carreta en fase de construcción que lo cobijará durante el camino de Almonte.

Multitud de sentimientos y emociones se derramarán durante la ferviente salida, entre el gentío y la afección de aquellos que tuvieron que esperar más de dos décadas para acudir a la tierra prometida del rociero para rendirle pleitesía a la Reina de las Marismas. Más de veinte años en los que la Hermandad trabajó por y para el suspiro comprimido en cuatro o cinco jornadas que, sin duda, rememorarán el recuerdo de aquellas cruces de mayo en la Plaza del Ayuntamiento bajo el sol de justicia de la primavera o aquellos paseos a caballo por la ciudad hasta arribar en el templo sagrado de los linarenses, el Santuario de Nuestra Señora de Linarejos, Patrona de Linares. Los momentos complicados y los momentos de éxtasis quedarán en la memoria colectiva de quienes creyeron en una idea que está a punto de materializarse en lo que será el comienzo de una nueva era en la historia rociera de la ciudad.

Por ello y como efectúan cada año los rocieros, quiero concluir con este humilde artículo con un ¡Viva la Virgen del Rocío! y ¡Viva la Hermandad de Linares!.