A falta de unas semanas para vivir una nueva Semana Santa repleta de emociones y momentos inolvidables para los cofrades, la ilusión es especial para una de las Hermandades más completas y emblemáticas de la pasión malagueña. Concretamente para los hermanos y hermanas de la Hermandad de la Sagrada Cena y María Santísima de la Paz este año supone celebrar un acontecimiento histórico, puesto que se cumplen 100 años de la creación de la cofradía como entidad religiosa y procesional, algo que destaca inevitablemente en la ciudad de Málaga por la relevancia que la corporación ostenta en la vida cofrade malacitana.
Historia de una gran hermandad

Las calles se vestirán de Paz en el mes de julio, con la salida de la Virgen en su trono procesional desde el barrio que la vio crecer, La Victoria, por lo que la Hermandad vivirá con gran expectación una ocasión para no olvidar. Remontándonos a sus orígenes, su creación se inicia en 1665, cuando estaba afiliada a la confraternidad de la Pura y Limpia Concepción, ubicada en el antiguo convento de San Luis el Real y desaparecida a finales del siglo XVII, constituyéndose definitivamente como hermandad el 20 de junio de 1924 por un grupo de trabajadores ferroviarios, entre los que destaca Miguel Luque Paredes, desde entonces, su vinculación con Renfe ha sido principal en los primeros años de vida de la novedosa corporación. En octubre de ese mismo año es candidata a pertenecer a la Agrupación de Cofradías, siendo admitida en una reunión, obteniendo finalmente pleno derecho en la asociación religiosa. Su primera salida se realizó el Domingo de Ramos de 1925, con las primitivas imágenes del Señor y la Virgen. La antigua talla cristífera y el desaparecido grupo escultórico fue realizado por el artista valenciano Pío Mollar. En la imagen aparecía San Juan Evangelista reposado sobre el muslo del Cristo, un detalle peculiar y característico de la época.

La anterior imagen de la Paz data del año 1938 y fue encargada al imaginero granadino José Gabriel Martín Simón, un año después se incorporó a la Cofradía. Una curiosidad por la que destacaba esta imagen mariana se centra en su mano derecha, donde posaba una paloma blanca, símbolo de su advocación. La nueva hermandad siguió procesionando todos los años posteriores hasta 1931, época en la que la cofradía se encontraba en el Santuario de la Victoria, siendo ésta su sede canónica, además de otras imágenes como el Cristo del Amor y el Santo Sepulcro, mismo año en el que se produjeron los graves altercados acontecidos los días 11 y 12 de mayo, donde los asaltos a las iglesias y la quema de imágenes religiosas fueron protagonistas de la masacre y de numerosas pérdidas del patrimonio de muchas hermandades.
A pesar de esto, la Sagrada Cena apenas sufrió destrozos en su patrimonio, ya que la iglesia de la Victoria no fue prioridad para los vándalos y asaltantes debido a su cercanía con el Hospital Militar pero sí en 1936, con numerosos daños y pérdidas que alcanzaban la cantidad de 27.000 pesetas, aunque sus imágenes llegaron a salvarse. La Sagrada Cena mantendría su sede en este templo hasta 1967, año en el que se traslada hacia la capilla de la Estación. Pero el 28 de Diciembre de 1969 fue un fatídico día para la cofradía, ya que, mientras se oficiaba la Santa Misa, un cortocircuito causó un incendio, destruyendo prácticamente todo el patrimonio, incluyendo las imágenes, un hecho que conmocionó a todos los hermanos que tantos años trabajaron para conseguir el reconocimiento cofrade, dejando una situación muy complicada y difícil de aceptar.
Renovación y esplendor a lo Álvarez Duarte
La historia reciente de la Cofradía de la Cena pega un vuelco tras el grave suceso, el resurgimiento patrimonial no se puede comprender sin la aportación que el imaginero Luis Álvarez Duarte, que recibe el encargo de realizar las actuales imágenes. En los años 70 el joven e incipiente artista sevillano tuvo la oportunidad de mostrar su talento en la ciudad de la Costa del Sol, dejando finalmente un legado único y digno de apreciar. El Señor de la Cena fue tallado por el escultor sevillano en el año 1970, además de su grupo escultórico, siendo restaurada por el mismo artista en 2013, mientras que la Virgen de la Paz fue la primera obra realizada por Álvarez Duarte en la ciudad, y realizada en el mismo año que el Cristo, siendo a su vez restaurada posteriormente en el año 2012.
Cabe destacar la figura del imaginero en la Cofradía, debido a su gran labor profesional que consigue integrar a la Cena y su patrimonio en una de las obras maestras del autor en la ciudad de Málaga. Por su elegancia y devoción, Álvarez Duarte es el símbolo de la Cena y su trabajo adquiere una gran relevancia a la hora de entender la grandeza y popularidad que su huella deja en el arte cofrade contemporáneo, un binomio reflejado en la verdadera entrega de fe que los hermanos propagan el Jueves Santo por las calles de la ciudad. Sin duda, un centenario que representa la evolución de la Semana Santa malacitana y de su auge rozando la perfección, porque Álvarez Duarte es historia de la Cena y la devoción se plasma en la Señora y madre de la Paz, historia viva hecha realidad.






