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El año 1931 marca un antes y un después para la vida cofrade de la ciudad de Málaga, un hecho que nunca debería haber sucedido, puesto que numerosas cofradías de la ciudad recibieron un duro golpe tras los graves altercados acontecidos en el mes de mayo de ese mismo año, sufriendo daños irreparables ante una acción que muy probablemente se podría haber evitado.

Los sucesos del mes de mayo del 1931 en la ciudad de Málaga se han considerado como uno de los altercados más graves dentro del ámbito anticlerical de toda España, y que además de a todo esto, se le sumó el desorden que propició un clima de hostilidad y manifestaciones ante el problema que sufría la nación en cuanto a la desigualdad de la riqueza cultural y económica que la Iglesia ostentaba por aquel entonces. Estos episodios ocurrieron en los días 11 y 12 de mayo de ese mismo año, un acto que dejó un patrimonio totalmente destruido en muchas de las hermandades procesionales, en un momento en el que la Semana Santa de Málaga comenzaba a resurgir.

La olvidada Iglesia de la Merced

Iglesia de la Merced

Entre los edificios afectados más conmemorativos y memorables en la arquitectura religiosa destacamos el caso de la Iglesia de la Merced. Se trata de un templo cristiano que fue erigido en uno de los lados de la propia plaza homónima. Poseía un claro estilismo mudéjar, con una planta de cruz latina y una fachada que contaba con una gran verja. Es una de las emblemáticas iglesias malagueñas, comenzó a construirse en 1507 y dos años más tarde fue consagrada, teniendo en una de las capillas del convento la conservada primitiva cruz de la Vera Cruz. Con el paso de los años, el riesgo de derrumbe de una de las naves de la iglesia, además del incremento de la población, hizo que los monjes planificasen una nueva construcción en sustitución a la primitiva. Tras décadas de reformas la finalización de las obras llegaría en 1792, momento en el que se inauguraría la imponente nueva iglesia de la Merced; erigiéndose como parroquia en 1835 por Decreto Episcopal.

Como la mayoría de los templos cristianos era sede de una cofradía, en este caso, la conocida como de la Sangre, sede donde tuvieron lugar las primitivas salidas procesionales  que la hermandad realizaba, siendo testigos mudos estas paredes de la primera reunión de la Agrupación de Cofradías; hermandad fundadora esta cofradía de antaño malagueña. Aunque hemos mencionado la Cofradía de la Sangre, hay que destacar que no fue la única con sede en la Merced, sino que hubo otras como Nuestra Señora de la Piedad, Humildad, Llagas y Columna, la Sagrada Cena o la conocida Hermandad de los Gitanos. Tras el desastre de 1931 este representativo templo quedaría en el olvido y abocado a un deplorable deterioro y ruina.

Aires de Respiro a Esperanza en Santo Domingo

Antiguo Nazareno del Paso

Cuando sucedieron los fatídicos acontecimientos de mayo de 1931, la Archicofradía del Nazareno del Paso y la Virgen de la Esperanza se ubicaban en la Iglesia de Santo Domingo, otra de las muchas sedes de hermandades que fueron acogidas en este templo tan simbólico en la ciudad. La antigua hechura del titular cristífero quedo destruida por completo, “El moreno”, una talla de renombre y de grandioso valor y devoción, que data de principios del siglo XVII, una pérdida bastante dolorosa para la entidad. En 1935, el escultor valenciano Mariano Benlliure realizó en Madrid la hechura del nuevo cristo procesional, que sería bendecida finalmente el 13 de marzo de 1940 en la propia parroquia de Santo Domingo. 

María Santísima de la Esperanza es otro de los símbolos malagueños más relevantes para comprender y valorar la esencia de la verdadera armonía y fervor hacia la imagen mariana tan icónica de esta ciudad. Es una obra anónima perteneciente al siglo XVII, salvándose la cabeza de la tragedia de las indeseables jornadas de mayo de 1931. Destaca un protagonista en la inevitable quema de imágenes, un joven llamado Francisco Sánchez Segarra, un salvador, que consiguió entrar en la iglesia repleta de escombros aquel 12 de mayo y cogió la testa de la imagen del suelo con el fin de protegerla de los altercados y la escondió en una droguería ubicada cerca de la iglesia, un hecho que se conoció tres meses después debido al temor de los cofrades ante el inmenso sentimiento antirreligioso que existía en la Segunda República.

Realmente fueron los propios cofrades los que jugaron un papel principal en el transcurso de estos sucesos, ya que muchos de ellos ocultaron imágenes en sus casas, un acto de valentía y resistencia ante la intolerancia y la falta de sensibilidad hacia obras de gran valor a nivel histórico y religioso, un resquicio de Fe ante el desastre.