El viejo costal, Opinión

El viejo costal | Adventus, adventus cor et mentem (Llegando, llegando al corazón y la mente)

El pasado domingo, en el momento de escribir estas líneas en casa, estábamos preparando la corona de Adviento, que presidirá nuestra mesa durante estas cuatro semanas de oración que nos resta para el feliz día de la celebración de la Navidad, mientras mi esposa la preparaba, yo leía noticias que provienen de oriente, del oriente lejano, ese desconocido oriente, donde hoy en día, se persiguen a los cristianos.

Curioseando en torno a la noticia, nacida en Corea del Norte, investigué el asunto, y me sorprende la cifra, 245 millones de cristianos sufren persecución y violencia extrema, llegando en muchas ocasiones al asesinato. Pero lo que más me sorprende es que hay países medianamente cercanos que también la ejercen, además del ya mencionado Corea del Norte, India, Yemen, Irán, Eritrea, Sudán, Libia, Somalia, según informa la ONG “Puertas Abiertas”.

En la actualidad sufren martirio y muerte más de 150.000 cristianos al año, por lo que en la última década hemos superado con creces los mártires ocasionados por Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimino Severo, Maximino, Decio, Valeriano, Diocleciano, Juliano, todos perseguidores del cristianismo, hemos conseguido hacer ciertas las palabras del Santo Padre Francisco: “Ellos son nuestros mártires actuales y hay muchos de ellos. Podemos decir que hay más de ellos ahora que en los primeros siglos”.

Muchas sociedades actuales están empeñadas en erradicar la expresión cristiana de la vida pública e imponer un secularismo ateo, y nosotros los cofrades, que fundamentamos nuestras vidas en los pilares de la evangelización, el culto, y la caridad, con demasiada frecuencia nos olvidamos de estos hermanos que sufren martirio por su fe, desde nuestro primer mártir, San Esteban, lapidado, hasta la explosión en una iglesia de Siria el mismo Domingo de Resurrección, cerrando una Semana Santa con un derramamiento más de sangre mártir sobre la tierra.

Ahora en este tiempo de oración y vigilia, deberíamos de recordar a estos hermanos cristianos que sufren en sus carnes la misma persecución que en el origen de los tiempos, este año las oraciones de los Domingos de Adviento se las voy a dedicar a todos los que sufren persecución solamente por su fe, pidiendo que en el mundo reine la confraternidad entre las religiones, el respeto entre las creencias políticas, y la paz entre todos.