El pasado día 20, fiesta de San Silverio, papa y mártir, aquel pastor que prefirió el destierro antes que traicionar la fe, y que murió en soledad en la isla de Ponza, se hizo realidad algo que muchos intuíamos desde hace tiempo: la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías de Córdoba dejó de ser un anuncio y se convirtió en un hecho. Un hecho que, para bien o para mal, marcará un antes y un después en la vida cofrade de nuestra diócesis.
Son cuarenta miembros colegiados, y eso no es un número cualquiera. Cuarenta es una cifra bíblica, tiempo de prueba, de desierto, de purificación.
Y quizá no sea casualidad. Ser colegiado aquí no es un honor ni un aplauso, es entrar en la sala donde se decide, se orienta y se corrige la vida de nuestras hermandades. Es asumir que uno ya no habla por sí mismo, sino en nombre de la Iglesia diocesana, con todo lo que eso pesa. Es cargar con una responsabilidad.
La Delegación nace con un bagaje sacerdotal sólido, el reverendo J. J. Güeto al frente, seis sacerdotes más, un ecónomo, los presidentes de las Agrupaciones de Cofradías de la provincia, varios sacerdotes de las distintas Vicarías y un grupo de laicos, en este caso laicas, una mezcla de clero, responsables cofrades y fieles de a pie que, en cierto modo, refleja la realidad viva de nuestras hermandades: un pueblo variado que camina bajo un mismo cirio.
Dicen que ya está trazado el itinerario formativo. Ese camino que deberán recorrer distintos cofrades, especialmente los que aspiren a una junta de gobierno o se presenten a unas elecciones, un camino cuesta arriba, literalmente, hasta el número 21 del Brillante, sede del Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Beata Victoria Díez”, un camino que, como todos los que suben, exige aliento, paciencia y saber dónde se pisa. Menos mal que el camino parece ser que no se deberá de recorrer, la cosa será telemática.
Y aquí surge la pregunta que muchos nos hacemos en voz baja: ¿No deberían ser los propios miembros de la Delegación, especialmente los laicos y los representantes de las Agrupaciones, los primeros en recorrer este camino? No por desconfianza, sino por coherencia, porque si ellos van delante, alumbrando con su ejemplo, el resto podremos seguir sin miedo, y porque lo que es igual para todos no es ventaja para nadie. Claro que, al ser de dos años, quizás Palacio no está dispuesto a esperar el tiempo necesario, quizás el trasfondo no sea formativo, quizás la intencionalidad sea otra, más profunda y menos pública.
Ya conocemos el contenido de ese itinerario: qué se enseña, cuánto dura, qué pruebas exige, e incluso cuánto cuesta. Sería bueno que la transparencia no fuese un lujo, sino una costumbre, pero ya sabemos que en este mundo nuestro, tan de cirios y silencios, la claridad a veces llega tarde, eso cuando llega, ya que esto ha llegado a ser público hoy, día 23, tres días después, precisamente hoy, el día de Santo Domingo de la Calzada, quien se dedicó a atender a los peregrinos del Camino de Santiago, haciendo puentes, caminos y hospitales, y es que así pinta la cosa, de construcciones necesarias o no tanto, hoy, día del patrón de los ingenieros de caminos, canales y puertos.
Por eso, yo pediría a la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías de Córdoba que, si ya tiene determinado este camino, y una vez compartido, que cada uno de sus miembros colegiados vayan sufriendo, perdón, quería decir, disfrutando, y aunque sea en voz baja, nos cuenten los senderos que vamos a pisar. Porque este camino lo recorreremos todos, tarde o temprano, y sería bueno hacerlo juntos, sin sobresaltos, sin sombras, sin miedo.
Eso espero.





