Desde la orilla del mar, refugio necesario para la calima que reina en estas fechas en nuestra vieja ciudad de Córdoba, recibiendo una fresca brisa en la cara, que nos obliga a entrecerrar los ojos, y a recordar ese golpe de aire fresco que recibes al salir del abrigo de la gualdrapa en un relevo, tras la brega de una infinita y dura “chicotá”.
Qué bien se está, cuando se está bien, el ruido acompasado de las casi inexistentes olas nos recuerda el sonar cadencioso de las zapatillas y del fleco de bellota, golpeando sincronizado, los varales metálicos lejanos a nosotros y siempre cercanos a la gloria de este palio azul de cielo.
Los niños juegan a saltar las olas, y me recuerdan la habilidad de mis hermanos costaleros, todos por igual, todos al mismo tiempo saltan al cielo, elevando entre felicidad, sus frágiles cuerpos junto a un imaginario paso, y al volver a pisar el arenoso suelo, en su cara se ve reflejada el orgullo del trabajo bien hecho, ese que los viejos llamábamos “por derecho”, y ellos caminan de frente en busca de la siguiente “levantá”, perdón, de la siguiente ola.
La lejana bulla proveniente de un tenderete formado por sombrillas y algún trapo que las une entre sí, que con el movimiento que le induce el aire, que los golpea y hace que se muevan acompasadamente a su fuerza, y golpes, se me antoja viéndolos con mis miopes ojos, que es un palio al son en una difícil maniobra de alguna bocacalle conocida, incluso los niños al acercarse corriendo se me figuran que son público “cangrejeando” y en torno a él.
Miro al lado contrario y veo otro tenderete de similares características, y gracias a uno de engendros, que ni cables necesita, y que parecen más una lata de refresco que un altavoz, resuena con fuerza alguna de esas canciones tan de moda en estos días, esas del “Tú ya sabes”, pero que gracias a la distancia, y quizás a mi mal oído, a mí me suena a Callejuela de la O, lenta, perezosamente suave, y de una musicalidad tremenda.
Y dando vueltas sobre mi toalla, llena de arena, con la brisa en la cara, y a fresco de la humedad de ese aire que aquí en la playa siempre sopla, pienso, que bien se está cuando se está bien, y que bueno es descansar y desconectar de la Semana Santa, al menos durante estos días de vacaciones.
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