Mi avidez por la lectura me hace leer constantemente, quizás más de la cuenta, ya que leo todo lo que se me pone a tiro, y créanme que muchas veces me arrepiento de muchas de las cosas que leo, incluso llego a veces a creer necesario pedir perdón. Sin ir más lejos esta semana leía que aguantar el cansancio, hablar y entender mucho de cofradías, ver constantemente videos en YouTube, o esperar a quien se estima al finalizar la estación penitencial, y escuchar siempre marchas, además de ser cofrade, es al parecer toda una bendición del cielo.
Y para asegurarme de que no era yo el errado, inmediatamente me fui al diccionario de la RAE y tecleé “cofrade”, y el siempre fiel compañero y ayudante me contestó: “Persona que pertenece a una cofradía”, profundicé más en mi desconcierto y desconocimiento tecleando: “cofradía” y recibí como respuesta: “Congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad”. La verdad esto me dejó algo más tranquilo, al menos había alguien que pensaba como yo, “ejercitarse en obras de piedad” esta última parte me resonaba como un eco constante en mi cabeza.
Obras de piedad, ¡claro!, las obras sociales unidas a la también piadosa evangelización a través de nuestras Sagradas Imágenes, y una buena dosis de formación, estos son los tres pilares fundamentales, que tanto distan de lo que había leído, y son la extraña realidad de los que son Cofrades, todo lo anterior viene a demostrar la gran falta de formación en el sentido más estricto de la palabra, y al no estar formados, todo lo visual y auditivo sustituye a la verdadera esencia de la auténtica y verdadera realidad.
Seguiré toda mi vida pensando que los nuevos cofrades nunca llegarán a la cima del auténtico Cofrade, por haberse quedado perdidos en frases grandilocuentes, repetidas como coletillas a sus sagrados titulares, o en la interpretación de alguna novedosa marcha, realizada por la no menos espectacular banda de infinita calidad, o en los numerosos videos repetitivos del andar de una no menos espectacular cuadrilla, bajo las órdenes del más carismático capataz, con el más singular titular salido de las manos del más llamativo imaginero de renombre universal.
Otros, que si son Cofrades, estarán participando en los adecuados cursos formativos existentes en algunas Cofradías, o quizás, dentro de unos días formando parte, en nuestra vieja ciudad de Córdoba, del ese primer Congreso Nacional de Hermandades y Cofradías de la Resurrección, desde el 8 al 10 de Noviembre, o quizás ayudando en las labores de Caritas Parroquial, o quizás formando a los que de verdad ocuparan las responsabilidades de nuestras hermandades con el paso del tiempo, o sencillamente orando ante el sagrario de su parroquia, y lo que son las cosas, según leí, nada de esto es ser cofrade, cuando para mi es la verdadera razón y realidad del Cofrade, la razón de ser y la auténtica necesidad de estar, toda una bendición del cielo.
Entonces, por cierto, a lo que venía todo esto: ¿tú que eres: “Cofrade” o “cofrade”?





