El viejo costal | De las ausencias y las soledades

Hoy he notado muchas ausencias, muchas más de las debidas, y no puedo dejarme de preguntar: ¿Cuáles serán las causas que han obligado a las mismas? ¿Cómo que siendo siempre partícipe activo de cada uno de los movimientos de nuestro grupo, de buenas a primeras prefieres quedarte en soledad y dejar a los demás perdidos y sorprendidos ante tu ausencia?

He de manifestar que he ganado una porra, donde aposté de antemano que estarías ausente, y este triunfo no me agrada, preferiría mil veces verte aparecer por cualquier rincón, ya que has sido una pieza importante para el grupo, para éste nuestro grupo.

Sea como sea, hoy te he echado de menos, hoy he notado tu ausencia y la de muchos otros. ¿Dónde estarán? Sí, esos que siempre andaban señalando a todo ser viviente su propiedad, esa que no es de nadie, esa que es de todos.

Esos que siempre andaban marcando territorio con el “yoismo”. Ese que además de señalar el fracaso del grupo, señala básicamente el fracaso de uno de sus miembros. Por eso, esta actitud del ser humano, yo la he odiado tanto a lo largo de mi vida. En cambio para otros es fundamental, es motivo y justificación de su vida.

En fin, cada cual es cada cual, y todos hemos cometido fallos, pero hay que saber estar incluso después de los fallos, “errare humanum est”, y de sabios reconocerlo también. ¿Sabes dónde está el problema? En que cuando no vienes, además de faltar tú, también se nota la faltan de muchos otros, y las ausencias son dobles, faltas tú y faltan ellos.

Hoy no se ha notado mucho. Las ausencias han sido superadas con creces por las asistencias, el manto del tiempo empieza a ganarte terreno y la niebla del olvido empieza a emborronar los daños colaterales. Tengo la esperanza de que, si te mantienes ausente, será más rápida la acción del tiempo, así que no se de verdad por donde decantar mi opinión, y eso que normalmente lo tengo bastante claro.

Quizás sea un fallo mío, que valoro más la ausencia que la presencia. De estar ausente te puedo asegurar, amigo mío, soy un gran conocedor, lo he hecho durante años, con cierta facilidad, quizás sea una estupidez mía, que espero que tu no cometas. La ausencia va de la mano de la soledad, y yo que te aprecio, no deseo para ti ni lo uno ni lo otro, más bien deseo que estés en el grupo, sin ausentarte y sin estar solo, todos necesitamos de todos.

Lo lamentable de todo esto es que quizás las ausencias muchas veces sirven para valorar las presencias, y estando presentes no existe esta valoración.