Hemos conseguido sobrevivir un año más a las comidas familiares, a las de empresa, y todo sin faltar a las cervecitas con tapa de amigos y colegas, hemos superado el temido empacho de polvorones, chocolatinas, y tantas y extrañas mezclas de dulces de los llamados de temporada, esos clásicos de la Navidad, como son los turrones y demás clásicas golosinas. Y aquí estamos dispuestos a afrontar un nuevo año, como un nuevo reto, dicen que: “año bisiesto, año siniestro”.
Y nosotros, que tenemos una dosis sin final de moral, nos dirigimos al dos mil veinticuatro entrando en él, resbalando a modo de tobogán desde sus primeros días, que se inicia con la venida de los Reyes Magos, esos de Oriente, y con la llegada de las rebajas, necesarias después del desgaste de nuestras cuentas en los finales del año y en los primeros días del que ahora iniciamos.
En lo cofrade, ahí nos andamos, unos perfilando y intentado encontrar un hueco para poner en determinado día su estación penitencial, otros, ahí andan buscando el acompañamiento musical necesario para su salida procesional, o como otros prefieren, su catequesis en las calles.
Todos o casi todos, tienen ya señalados sus días de ensayos de costaleros, ya que las «igualás» de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda que sean tempraneras, quizás por el miedo de quedarse con lo que nadie quiere, si madrugas, ya se sabe, puedes elegir de lo mejor, lo mejor, y sellar el compromiso para tu día, evitando que nadie se vaya con otro con el paso más grande o con las sudaderas más bonita, o vaya usted a saber por que capricho se produce un cambio, eso que casi todos sabemos y que muchos callamos, el que da primero da dos veces, que de todo hay en la viña del Señor.
Ahora toca que los Carteros Reales y en otros casos los mismos Reyes Magos visiten nuestra Hermandades y Cofradías, y que otras recuerden que cada fecha tiene su causa y cada causa su fecha.
Ahora es el tiempo de ordenar o reordenar, de programar los guiones, estudiar listados, preparar papeletas de sitio, y atender a cada uno de los incontables detalles, organizar la logística, empezar con la limpieza de enseres y otras limpiezas, que en muchos casos son imprescindibles y en otros necesarias.
Ahora es el tiempo de adelantarse a la Cuaresma, que cuarenta días son pocos, para la cantidad de tareas a emprender y a realizar, ahora hay que adelantarse al tiempo, pero sin perder el norte, ahora hay que cargar las baterías, y no me refiero a las de la música o a las de la señalización de los pasos en las calles en sus largas horas de ensayos, casi siempre nocturnas, son otras las baterías espirituales las que debemos cargar los cofrades en estos primero días del año, de este nuevo año que acaba de abrir las puertas y que recientemente estamos entrando despacito en sus primeros días.
Venga vamos a ordenar nuestras cosas, de puertas para adentro, o de puertas para afuera, como cada cual lo prefiera, debemos obedecer a nuestras conciencias, y para bien o para mal, saldar nuestras deudas, no las monetarias, que también, si no, nuestras deudas de honor.
En unos días estaremos pasando sobre el catorce de febrero, Miércoles de Ceniza e inicio de la Cuaresma, que este año también es madrugadora, y que está ahí mismo, así que vamos rápido, sin correr, pero sin pausa, vamos a meterle mano a todo este ingente volumen de trabajo, vamos a ello, pero sin adelantar ni modificar, de forma innecesaria las fechas, ni el orden, ni cambiando las causas, pero eso si, vamos a ello, pero sin ser siniestros por muy bisiesto que sea este año.





