El viejo costal | Del boato y la decadencia

Creo que mi estimado colega Pachi Giraldo tiene razón en su último artículo publicado “Recuerdos de tiempos mejores”, donde manifiesta: “el recinto ferial… se encuentra en un estado lamentable después de treinta años. La falta de inversión es latente…”  “La inversión por parte de los que montan las casetas es cada vez más cara y eso conlleva cada año menos casetas.”

Y con estas manifestaciones me ha obligado a esforzar la memoria y retrotraerme a esos treinta años atrás, y volver a esa época cuando se determinó trasladarla del centro de nuestra ciudad al Arenal, y cuyos motivos estaban suficientemente justificados, no se podía tener una ciudad bloqueada en sus avenidas principales en aquella época durante los días que duraba la fiesta de Nuestra Señora de la Salud, que por cierto eran menos días que en la actualidad.

Lo que no alcanzo a encontrar, tras estas décadas del nuevo emplazamiento, es a ver si hemos conseguido aumentar el apogeo, o mejor dicho el esplendor de esta fiesta, no recuerdo el número de casetas de las que se podía disfrutar en el Paseo de la Victoria y en la Avenida de Cervantes, pero si una de las consecuencias del traslado era el poder aumentar el número de casetas, y cada año hay menos, no sabría definir el traslado como triunfo o como deterioro, es solo una conjetura, insisto no recuerdo el número de casetas de aquella fecha, creo que en la actualidad son ochenta y tres.

El diario Córdoba publicó “La renuncia de dos casetas en las vísperas del inicio de la Feria de Córdoba dejará a El Arenal en mínimos históricos,…. Se trata de un descenso del 54% respecto a la primera edición de la feria, en el año 1994”. (El primer año en el Arenal se montaron 180 casetas).

Fundamentado en estos datos, creo poder decir que nuestra feria de Nuestra Señora de la Salud, se encuentra en declive, quizás llegando al ocaso, en caída libre, claramente debilitada, o que ha perdido buena parte de su auge, de su apogeo, quizás de su esplendor.

Si las cofradías, las asociaciones, las empresas, los partidos políticos y demás participantes han aumentado en estos treinta años, ¿Por qué bajan las casetas?, ¿serán más difíciles de abrir económicamente hablando?, ¿Serán burocráticamente más difíciles de conseguir?.

Sea como sea, lo cierto es que algunas que todos conocemos, se mantienen en la fórmula tradicional desde  esa primera edición de 1994, continúan acogiéndonos a muchos de los que somos y hemos sido habituales  en esa treintena de años, en ellas, aún perduran las sevillanas del Pali, y la sencillez de la fórmula, es magistral, se mantienen inamovibles en su estilo, decoración clásica, música acorde a la fiesta, comida familiar y sencilla, tarima en el suelo y un poco de frescor en el aire, son las que aún soportan todo el peso de la decadencia y aún le dan boato a nuestra fiesta.

Las autoridades deberían hacérselo mirar, evitando este lento paso del boato de lo clásico a la decadencia de las modernidades, quizás aún puedan revertir esta clara y nada deseable situación.