El viejo costal, Opinión

El viejo costal | Delenda est Carthago…

Con esta frase determinó Marco Pocio Catón  llamado Catón el viejo, finalizar  cada una de sus intervenciones en el Senado Romano “Delenda est Carthago”, (Cartago debe de ser destruida), al menos cada vez que él intervenía en tan destacado foro, así recordaba constantemente el peligro que suponía Cartago para el bienestar del pueblo de  Roma, esto ocurría en el 150 a.C.

Dos días han pasado desde la fecha señalada a las actuales, pero si míticas y legendarias  fueron las guerras Púnicas, duraron más de cien años, os puedo asegurar que en el mundo cofrade podemos encontrar similares proezas en cuanto a guerras y deseos de destacar de muchos personajillos, que en nada se asemejan a Marco Pocio.

Si el uso de la espada era habitual entre las legiones romanas, yo os puedo asegurar que he visto puñaladas entre hermanos que harían llorar de envidia a un centurión curtido en cien batallas, y si mítica era la defensa de tortuga o testudo, deberían de observar cómo se defienden algunos individuos que forman parte de juntas de gobierno o juntas gestoras de nuestras hermandades.

Y es que la formación romana de combate ha dejado huellas en las actuales formaciones de defensa de estas, en primera línea sitúan a los más jóvenes (hastati), hoy en día pueden ser los miembros del grupo joven, coro, etc. En segunda línea los ligeramente  experimentados (príncipes) más protegidos que los primeros y con el doble de edad, solo intervendrán en caso necesario, hoy pueden ser músicos, costaleros, etc. Y de fondo los (triarius ó triarii) los más veteranos que solo entran en combate en las más extremas situaciones, y normalmente mejor armados que los anteriores señalados, hoy casi siempre cargos de la junta de gobierno o gestora. Esta formación ¿a que te suena de algo o la has visto funcionar?, y es que no hay nada nuevo bajo el sol.

Estas formaciones solo saltan al combate ante la mínima opinión manifestada que sea levemente contraria a cualquier determinación caprichosa del individuo que rige una hermandad al estilo de un cortijo de los de antes, ya que hoy en día los cortijos gracias a Dios, ya no son lo que eran, todo cambia, todo menos algunas cosas como pueden ver.

El que nunca va a saltar a la batalla es el cónsul que la rige, se limitará a ordenar, dirigir, y señalar enemigos y su padecimiento ante los injustificados ataques de las hordas enemigas que solo quieren infringir fracasos a su interminable lista de ellos, todos ocasionados por estos “enemigos” y sus alocadas ideas, y lo gritará en redes sociales, actos y cada vez que dispongan de un micro cerca. Esta constante necesidad de expresar su sufrimiento no se extingue con el cargo, es algo que le durará toda la vida, siendo como un déjà vu recurrente, así como su necesidad de ocupar los lugares más destacados siempre y en cada ocasión posible, reclamando para sí mismo cualquier reconocimiento sea de la índole que sea, solo por el hecho de ser él quien está ahí, y haber vestido la purpura.

Si has vivido situaciones que al leer estas líneas, se te vienen a la mente, no juzgues a nadie, no te condenes a ser juzgado, pero cada vez que hables, ya sabes solo tienes que añadir…”delenda est …”, sustituyendo los puntos suspensivos por lo que crees que ha de ser eliminado, si a Catón el Viejo le funcionó, seguro que a nosotros también.