El viejo costal | El lenguaje universal de la humanidad

Durante estas fechas donde el calor empieza a derrotarnos en su anual batalla, muchas de las cofradías y corporaciones se encuentran en plena negociación con las agrupaciones musicales que serán en la próxima Semana Santa los responsables de envolver a sus sagrados titulares y a todos los corazones que atienden a su pasar por las calles, y es que la música es sin duda el más universal de los lenguajes.

Van firmando sus contratos y llenando sus agendas para esos días señalados, es el momento de presentar a los oyentes el resultado de cientos de ensayos, de noches de frío, de jornadas infinitas, donde tras las habituales jornadas de trabajo o de estudio, con su instrumento, y muchas de las veces, en descampados, glorietas, polígonos industriales o vaya usted a saber, se le dedican varias horas a coordinar, entonar y practicar, para que ese lenguaje además de universal sea armonioso y de cuidado afinado.

Que la música no tiene precio, bien es verdad, así como que el espíritu de los músicos de nuestra Semana Santa no conocen el desaliento, también, que soportan una tras otras las distintas salidas diarias, y a veces hasta dos en el mismo día, es una clara muestra de que además del arte de tocar dedican una buena parte de sus esfuerzo a finalizar su semana de estaciones de penitencia.

Muchas veces, otros y yo mismo, hemos aludido a la profesionalidad de los músicos, entendiendo como tal que por su labor cobran, y es cierto, y que lo cobrado es una mitad gracia a la capacidad negociadora de quien efectúa el contrato, tanto por parte de la banda como por parte de la hermandad interesada en la misma.

La calidad de la música, muchas veces fluctuante, especialmente en los inicios de las bandas, tienen también influencia sobre la parte económica de lo contratado, afectando las horas de itinerario, importancia de la corporación, día de la semana de la salida, distancia, transporte, atenciones y muchísimas otras cosas que seguro se me olvidan, pero que juntas todas, terminan por formar parte de la negociación, importe del contrato y durabilidad en los años del mismo.

Al ser tantos los factores que entran en juego, resulta de ahí la causa de que muchas veces no entendamos algunos cambios de bandas en hermandades, que sin motivo aparente finalicen con separaciones o cambios que no llegamos a entender, por desconocer el trasfondo existente en las dos partes intervinientes, intereses de precios, intereses de facilidad en los desplazamientos, intereses de fechas, cambio a otras corporaciones más señeras, y así hasta el mismo infinito.

Cuando usted vea un cambio inexplicable de una banda en una hermandad, que baje de nivel, incluso de calidad musical, piense que detrás de ese cambio puede haber más de mil razones, y que ninguna tendrá que ver con el lenguaje universal de la música, que casi seguro tendrá que ver con causas más terrenales o con intereses más personales de las partes.

Y si bien la música es un don celestial, a los oídos del hombre, los que negocian esas cosas son hombres, que solo desea como don la facilidad, la economía, otros posibles contratos, otras metas, y otras miras, tanto por una parte como por la otra. Esta es la realidad del lenguaje universal de la humanidad, lamentablemente, así es la partitura que muchas veces tapa esos inexplicables cambios.