El viejo costal | Espectadores y espectáculos

Bueno, pues ya pasó la mala hora, y es que el agua tan rogada por todos, nos ha sido concedida. Las rogativas es lo que tienen, que muchas veces son concedidas, y agua es lo que le ha sobrado a muchas personas, e incluso a muchas benditas imágenes, que dejándose llevar por nosotros humanos, han salido mojadas no solo una vez, que algunas, hasta dos veces, y menos mal que fueron refugiadas a mitad de su anual salida, que otra cosa sería obedecer al menos común de los sentidos, ese desconocido sentido común, que tanta falta nos hace.

Ha sobrado agua en nuestras ciudades, y algún que otro tonto, que todos hemos visto videos de gente insultando al paso de una hermandad que abreviando por el agua, acelera a “paso de mudá”, precisamente por eso por acelerar, como si lo bendito fuese su santo capricho, no la sagrada imagen que portan, como si lo sagrado fuese su interés en ver innumerables izquierdos, o la banda soplando como si fuese el anuncio del Armagedón, pero como no se satisfacen las peticiones populares, pues insulto al canto.

Otros alelados se han subido sobre algún soporte y en la misma puerta de salida gritan a los asistentes que no se sale, lo malo nos es que sea memo, que lo es, si no que lo hace vestido de costalero, que creo ni a ello pueda aspirar, y que solo se ha de quedar en eso, un majadero zapallo perdido.

Y es que tanto tonto y tanta tontería, en algunas hermandades, han sido sustituidos por el respeto máximo a su titulares y a la custodia de su patrimonio, obligada herencia que han de recibir os que detrás vienen, estás hermandades han demostrado su sentido común, y han cambiado las locuras por una buena dosis de saber hacer, acompañado de un profundo sentido de la responsabilidad, si hay previsiones como las que hemos sufridos todos esta Semana Santa, pues ha de prevalecer el sentido responsable de quien tiene la custodia temporal de los bienes valiosos de una hermandad, siempre habrá más años, más oportunidades, más tiempo, más valores que conservar.

Claro que lamento el haberme perdido muchas ilusionantes estampas, que me han sido robadas por las inclemencias atmosféricas, lamento las mojadas que he padecido, y que han padecido algunas hermandades, mojadas para la totalidad del guion, y para sus benditos titulares, muestra quizás de la cabezonería y terquedad de algunos, o solo sea el exceso de pasión lo que les ha cegado y no le ha permitido ver el cielo cubierto por nubes de agua, y el viento que las trae y lleva en un baile de caprichoso destino, para algunas hermandades, destino lamentable cubierto de agua.

Por otra parte muchos de los asistentes han sabido demostrar con su compostura, con sus oración silenciosa, con su respeto a la decisión adoptada por los que gobiernan, con obediencia paciente y aceptación del destino, mostrando su dolor en el silencio de sus labios, junto a la seriedad de su semblante, sin demostrar lo compungido, solo quizás alguna furtiva lagrima, camuflada entre la desafortunada lluvia, motivo de esa temporal tristeza, cubierta por una buena dosis de respeto y educación.

Ahora que todo ha pasado, que ya no tiene solución, que lo perdido ha de ser asumido por todos, es el tiempo de repasar, de analizar nuestras pasiones y de ver si las mismas están más vinculadas al espectáculo dado por una determinada cuadrilla, por su forma de andar, por una banda, o si por el contrario lo que nos atrae es la evangelización proveniente de nuestros pasos, de nuestras dolorosas, o provenientes de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, única causa válida para justificar nuestra Semana Santa, si nuestra compostura, nuestro respeto y saber estar, están a la altura de estos señalados momentos.