El viejo costal | Evolucionar o morir, unas no y otras sí

Ahora que veo caído en el suelo el azahar de los naranjos, y que lo veo como las ilusiones depositadas en nuestra pasada Semana Santa, arrancadas y destrozadas, así está la cosa, muchos no pudimos salir y todo quedó en una indeseada pesadilla de la que solo deseábamos su final.

Y ahora las dudas me asaltan en el sentido de que nosotros los cofrades ¿Qué deseamos cantidad y diversidad o mucha calidad y menos contenido?, me explico, ¿qué preferimos pocas hermandades y que todos sus guiones estén finalizados, completas de nazarenos, pasos terminados y de un inalcanzable nivel? O por el contrario ¿una participación completa de todas las hermandades, independientemente del estado de finalización de sus guiones, de la calidad de sus pasos, y del número de hermanos que con ellas realicen la estación de penitencia?

Con la primera opción nuestra Semana Santa sería más pequeña pero de un nivel muy elevado, ya que rozaría la perfección cualitativa y cuantitativamente hablando. Con la segunda opción tendríamos una surtida representación del estado de la evolución de cada prohermandad de las muchas que hay, con más o menos solera, con más o menos nivel artístico, esta Semana Santa sería más grande pero evidentemente perdería algo de ese supuesto nivel.

Las primeras se aferran a su día de salida y aluden que las segundas no disponen de la “calidad” necesaria para poder participar en nuestra Semana Santa, y de esto ya hemos vivido muchos ejemplos, aunque no siempre ha sido así con todas, tenemos en nuestra Semana Santa algunos ejemplos que rompen este extraño concepto de “calidad”.

Las segundas aluden que todas se iniciaron con pocos elementos y que a lo largo de los tiempos han ido incrementando la nómina y los enseres, tienen razón y mucha verdad, cuando no había tantas todo era cuestión de arrancar, cosa que hoy en día se le pone más difícil a las que van llegando, de esto también disponemos de algunos ejemplos.

Ahora viene el saber: ¿Quién le va a poner el cascabel al gato?, ¿o seguimos manteniendo esas hermandades saliendo en las semanas previas a la Semana Santa, como si fuesen hijos de un Dios menor?

Los grandes tienen la capacidad de mantener lejos a los pequeños, ellos son los que deciden y los que tienen “las riendas en sus manos” votando antes las peticiones de estos segundos en la asamblea de hermanos mayores, y manteniendo “los niveles de calidad a una considerable altura” no para todos, solos para algunos, (les recuerdo que hay algunas en el primer grupo que no tienen tanto nivel como ahora se le exige a otros).

¿Acaso sea la riqueza y el nivel económico el que fije lo necesario para pertenecer a la elite de las primeras? ¿Acaso el número de hermanos, o de penitentes, o el origen artístico de su imaginería,  del paso o del palio? ¿Acaso nunca vamos a evolucionar y deseemos simplemente la grandeza de nuestra Semana Santa?, independientemente de las exigencias pactadas para unas sí y para otras no, acaso algún día evolucionemos y sepamos dejar sitio a las que intentan llegar, aunque fuese todas en el mismo día, por ejemplo el Sábado de Pasión, con la misma carrera oficial que el resto y mantenerlas en esa fecha hasta que consigan alcanzar los ratios fijados en la asamblea de hermanos mayores, o en la determinación del Reverendísimo de nuestra ciudad.

Ya saben unas no, y otras sí.


Foto: Paso de misterio de la Hermandad del Prendimiento de Córdoba (1959)