Para cualquiera que sea medianamente observador y que acostumbre a acercarse a nuestros templos, podrá notar como cada vez las iglesias están más solitarias, cada vez hay menos asistentes a los cultos, pero esto que se conoce desde hace tiempo, yo vengo notando algo mucho más preocupante, y es el aumento de la ausencia de las mujeres.
Las mujeres que desde siempre han sido pieza fundamental, son mayoritariamente las que transmite la fe a sus hijos, y en otros casos a sus nietos, están empezando a ser las grandes ausentes, tanto es así que las cifras lo demuestran, en 1990 el 92,1% de las mujeres se declaraban católicas, esto frente al 61,9 que lo hacían en el año 2021, en la actualidad solo una minoría de estas visitan los actos y prácticas religiosas, la cifra es el 16,8% solamente, no recuerdo donde lo leí, pero sí recuerdo exactamente las cifras por haberlas apuntado de urgencia en una libreta que me acompaña, a tal fin.
Y aquí es donde dándole una pensadita, creo que las premisas o planteamientos de la sociedad actual y los de la iglesia son muy distantes, no quiero profundizar en estos temas, pero la sociedad se mueve a velocidades muy elevadas con respecto a como lo hace la Iglesia, influyen entre otras cosas, las posiciones políticas de sus líderes, en algunos casos, y otros como los planteamientos de mujer con respecto al control de natalidad, o con respecto a la fecundación in vitro, etc.
Quizás la Iglesia esté rodeada de una cultura hasta la fecha más patriarcal, ya que sus ministros son todos varones, pero la realidad es que si ellas se van de la iglesia, perderemos junto a ellas, a sus hijos, que nunca serán religiosos o religiosas.
Quizás si se abriesen las puertas a las mujeres ejerciendo en el diaconado, facilitaría el acercamiento de las mujeres a la Iglesia, quizás esa salida hasta la fecha siempre negada a ellas, fuese la posible puerta abierta al regreso de las mujeres, y de sus hijos, a nuestras solitarias iglesias, no soy extremista en este sentido, pero tengo la seguridad de que no hay nadie mejor para entender una mujer que otra mujer.
Además, está escrito en Gálatas 3:28 “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay ni hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús”. En el mundo de las cofradías desde el Estatuto Marco hace décadas que la igualdad de hombres y mujeres quedó fijada, ahora solo falta que esa misma igualdad llegue a la Iglesia, para que esté asegurado el regreso de las mujeres, acompañadas de sus hijos e hijas.





