El viejo costal | La esclavitud desde el cielo

Estamos todos mirando para abajo, miramos con fruición y esperanzados, la pantalla del móvil, ese elemento transformado en el mago que todo lo sabe y que a todo nos ayuda, miramos, como iba diciendo, y levantamos la cabeza con el rostro confligido, ya sin el placer que ordinariamente nos produce las pantallas llenas de colores y su natural y torpe sabiduría.

Lo que vemos no nos deja dormir, el pronóstico del tiempo para nuestra Semana Santa no es de momento nada halagüeño, agua, bendita agua, pero que solo hace falta en el campo y en los pantanos, y levantada la cabeza continuamos andando, con nada de placer, ni disfrute, perdida la complacencia, andamos y vamos pensando en el año pasado, y el entrecejo nos delata el nivel de irritado, que aumenta por segundos, los pasos enseñan lo enrabietada que está nuestra cabeza con lo visto en la aplicación, esa del tiempo, esa que nunca nos ha fallado, y por eso mismo andamos enfurruñados por las malas noticias que la incomprensible internet nos acaba de mostrar.

El enfado es mayúsculo, la ira casi de la misma medida, algunos en esos momentos llegan a odiar el móvil, el ordenador, e incluso la tableta, odiarlos a muerte, ´´mejor no mirar, queda mucho´´, e intentamos quitarnos esa amenaza de la cabeza, y nos repetimos ´´mejor no mirar, queda mucho´´, y con un momento de consuelo seguimos con nuestras vidas, con nuestro trabajo y las diversas tareas de los días cotidianos, pero cada poco, volvemos a caer en la trampa, bajamos la vista buscando la esperanza que nos ha sido robada hace apenas unos minutos, volvemos, rápidamente como consecuencia de las veces que lo hemos realizado, llegados en dos pasos y en un solo segundo a abrir la aplicación, sí, esa que nunca falla, y de nuevo nos vuelve a golpear en el mismo corazón, agua, no ha cambiado, aumentando nuestro desconsuelo y dejando nuestro corazón temblando.

Y así hablando solos, maldiciendo a la aplicación que nunca falla, a las malas previsiones caminamos y vamos derritiendo estos días de Cuaresma, enfadados con lo que es inamovible y que nos puede dejar encerrados sin poder ejercer la evangelización y mostrar nuestra fe por las calles, y pensamos en las túnicas preparadas y colgadas de puertas, de armarios, y de lámparas en nuestras casas, y resoplamos pensando en la mala previsión del tiempo.

Pero muchos de los que vamos así en estos días hemos olvidado lo más importante, es mirar hacia arriba, y no me refiero a las nubes, ni a los puntos cardinales por donde pueden venir las borrascas, y saber pedir, pedir que Él, que nos dio el agua, nos de la felicidad, esa que nos llena cuando el tiempo nos acompaña.

Decía un buen amigo mío, mejor una oración que un sofocón, mejor pedir que sufrir, mejor estar a buenas con nuestra fe, y tenerla a flor de piel, mejor saber esperar que empezar a llorar, y así nos consolarnos, de los sofocones de las pantallas y del tiempo.