No tengo ninguna duda que es importante el resultado del próximo Conclave en Roma, especialmente en este momento mundial donde estamos sumergidos en una importante recesión democrática, y donde a muchos países les afectará la elección del Papa.
En apariencia no existe ninguna conexión entre los países y la Santa Sede Vaticana, digo en apariencia, ya que en casi la totalidad de naciones existen acuerdos específicos entre los distintos gobiernos y la representación del Estado Vaticano, en nuestro caso, la misma se remonta al siglo XV, y nunca se ha fracturado desde esas fechas a la actualidad, independientemente del agrado o desagrado de la facción gobernante durante el paso de los siglos, de ahí debemos de estar de acuerdo de la importancia del resultado del mismo y de la capacidad de negociación del Estado Vaticano.
De ahí la importancia de la elección, el Santo Padre Francisco no es necesario sea señalado como aperturista, transparente, amigo de los más necesitados y exigente con los más poderosos, la principal prueba la tienen en sus únicos invitados a su sepelio en Santa María la Mayor fuesen pobres, drogodependientes, presos, todos los más alejados, como él mismo los llamaba.
La autenticidad de este Papa, en plena sintonía con Jesucristo, ya que decidió permanecer cerca de los pobres, las mujeres, los invisibles para una sociedad decrépita y falta de caridad, insaciable de poder, donde prima el ¨yoismo¨, y es dueño de todo el que más tiene, despreciando las normas de caridad más elementales, es en ese fango donde Francisco se movía con una agilidad propia de un atleta, a pesar de ir en silla de ruedas en sus últimos días.
Lo verdaderamente cierto es que el papado ha pasado en la actualidad de mantener un rol exclusivamente en el plano espiritual a convertirse en una institución con relevancia en los temas políticos, éticos y sociales, por ello la importancia del resultado de este siguiente conclave, que se ha de iniciar después de los obligados nueve días de luto oficial a contar desde el día del entierro del Santo Padre Francisco, por lo tanto, será a partir del seis de mayo, o en fechas muy cercanas a ese décimo día.
La lista de candidatos y las apuestas sobre los mismos son infinitas, unos apuestan por la continuidad, apuestan por una Iglesia más inclusiva, cercana a los pobres, abierta al diálogo, más pastoral, al fin y al cabo, más progresista, sus destacados candidatos son: Matteo Zuppi, Luis Antonio Tagle y Pietro Parolin. Por parte de los regresionistas, que yo prefiero llamar tradicionalistas, estos, desean una vuelta a prácticas y doctrinas más conservadoras, estando en desacuerdo con muchas de las determinaciones de Francisco, especialmente con las de aperturas a los grupos marginados, sus destacados candidatos son: Raymond Leo Burke y Robert Sarah. También las apuestas giran en torno a otros candidatos, yo me atrevería a señalar a algunos de ellos: Fridolin Ambongo, Mario Grech, José Cobo Cano o Cristóbal López. A pesar de todas las apuestas y conjeturas posibles, la historia demuestra que quien entra al conclave siendo Papa, sale del mismo siendo Cardenal.
Lo que sería verdaderamente importante es que las distantes visiones de los dos grupos sean sorteadas de forma que ambos acepten las reformas iniciadas por el Papa Francisco, que sean incluidos los grupos marginales, y sea posible un diálogo interreligioso, que se puedan mantener las doctrinas y las tradiciones conservadoras, y que seamos menos reticentes a los cambios menos significativos. Que el Papa pueda ser líder cercano a las comunidades, más pastoral, sin abandonar la doctrina y la disciplina tradicionalista de la Iglesia. Que sea un destacado en la justicia social sin dejar de priorizar la identidad tradicional frente a las influencias externas.
Ahora esperar que se alcance entre los ciento treinta y tres votantes los necesarios dos tercios para que un candidato sea elegido Papa, y que el Espíritu Santo ilumine a los votados y a los votantes, y al ganador con la necesaria inteligencia para poder definir una clara línea intermedia entre los dos bandos, ni continuista, ni tradicionalista, simplemente un Papa para todos.





