El viejo costal | Noventa días y una letra

Y es que noventa días son apenas un suspiro, y así suspiran las aspiraciones de algunos que no saben lo que ha podido pasar, y muchas veces entre el guirigay de lo que dicen unos, y de lo que dicen otros, la verdad, puede ser que solo medie una letra, una letra cambiada de lugar, o duplicada, o sencillamente olvidada, cosa ésta de la informática y de la rapidez de escritura, o de lectura que de todo hay en el mundo de internet, en ese de las comunicaciones a golpes de ping o de bytes de esos.

No digo yo que sea lo que ha pasado, pero que es una posibilidad plausible, y que ambas facciones tengan razón, uno que no llegó y otro que sí lo envió, y sobre todo esta discusión de que yo sí, y de que a mí no, lo que pende es la ilusión de muchos hermanos que veían a su hermandad en la calle, formando parte de un día de nuestra Semana Santa, y quedó solo en ilusión, o en una esperanza apagada a golpe de un mensaje que no llegó, yo lo diré siempre, quizás una buena cuartilla de un buen gramaje, escrita en tinta evaporada preferiblemente negra, caligrafiada con estilográfica y enviada por ese olvidado método del clásico correo, ese de sobre y sello, ese de certificado y acuse de recibo, y todo aclarado, pero es que pocas personas usan hoy en día tan clásico método, y tan olvidado, tan efectivo como es todo lo clásico, donde no se dejaba ninguna posibilidad de escaqueo, donde todos sabían perfectamente lo que llegó y lo que no llegó, lo que en ella se decía y por lo tanto lo que no se decía.

En mi columna de opinión de enero de este año, “Un camino de piedras o una piedra en el camino” ya decía que “El trabajo que nos va a costar a todos poder ver la Hermandad de la Presentación, y no digo verla en el sentido visual, si no en el sentido de comprender, entender, vislumbrar o conocer las causas que nos traen a todos como “maleta de loco””, y lo digo porque a saber se le ofreció en principio el Jueves Santo, rechazado porque se producían alteraciones en los actos litúrgicos de su parroquia, se le ha brindado la posibilidad del Martes Santo, rechazada también, fue imposible cuadrarlos en el Domingo de Ramos, por saturación, ya que además se admitió en dicho día a la Hermandad de la Vera Cruz, lo que dificultaba más aún encontrar el necesario hueco, se ofreció el Martes Santo, delante de la Agonía, pero tampoco era el día adecuado según la hermandad, posteriormente creo que se decantaron por el Domingo de Ramos o el Miércoles Santo, esto después de haber manifestado en un principio cualquier día menos Jueves Santo y Viernes Santo.

Y noventa día han pasado entre contactos digitales, reuniones, con asistencia o sin asistencia, para ver las posibilidades del Miércoles Santo, aludiendo incluso a la posibilidad de comprimir guiones y tiempos, e incluso de prescindir de las bandas de música, cualquier cosa vale, menos incorporarse en el último lugar, que no le afecta a casi nadie, pero es que la hora de llegada también puede ser una aspiración, nada de llegadas intempestivas, y si las hubiese que sean para otros, que cada uno busca lo mejor de lo mejor, sin egoísmo, sin enredos, con lo que todo esto me sigue sonando a maraña, intriga, maquinación, o tejemaneje, vamos lo que siempre ha sido un embrollo, del que solo se salva la Agrupación de Cofradías, que además de todo lo planteado parece ser que ha aportado un día del que nunca se habló, el Lunes Santo, y ahí ya tenemos que se han bridado casi todos los días, solo falta el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección.

Así que noventa días, una letra, y cinco días de ocho, y a pesar de todo, se puede seguir negociando, cosas de la paciencia de la Agrupación de Cofradías y del tesón de la hermandad y todos esperando a ver cuándo y cómo vemos a la Presentación al Pueblo en nuestra Semana Santa.