El viejo costal | Otra vez, cinco días

Ese traidor e inevitable enemigo que es el tiempo, nos sigue ganando la batalla de nuestro diario vivir, y he aquí que solo estamos a cinco días de cerrar este suspiro que ha sido el año dos mil veintitrés.

Pasadas la entrañable Navidad, ya estamos llegando al final de este tobogán de año, donde muchos han pecado de ofendiditos, otros de ofensores, unos de cobardes y otros de héroes sin capa, y así cada cual sabrá de lo que ha de ser su balance, y cada cual sabrá de lo que es mejorable en su vida, en su casa, o en su existencia.

Ahora en este final de año es cuando debemos de hacer examen de conciencia, y a cartas boca arriba y partida pasada, analizar cómo ha sido nuestra actuación en cada uno de los momentos y cada una de las pruebas que la vida nos ha brindado a modo de oportunidades a lo largo, o a lo corto del tiempo transcurrido en este año que muere en apenas cinco días.

Este año más que tenemos, o no, yo creo que este año ya no lo tenemos, lo pasado es perdido, por lo que no es recuperable, y así debemos como contables evaluar nuestras perdidas, a modo de balance, y anotarlo en el libro de nuestra vida, con tinta roja, en la columna del debe, donde se acumulan las perdidas y donde se rebaja el haber o el saldo.

Muchos olvidamos que este es el único libro que ha de valer, creemos que lo fundamental está en el saldo del banco, en acumular unas efímeras riquezas, que si bien facilitan el paso por esta vida, normalmente, nos traban y ocultan la realidad, vale más una serena y apacible alma, que un cero al final de una cifra bancaria.

Siempre tras los saldos hay mucha soberbia y un alto porcentaje de envidia, que impiden que nuestro comportamiento sea sencillo, adecuado, y que comprenda cada uno de los comportamientos humanos, incluido el de un avaro cegado por el brillo del saldo de una cuenta bancaria.

Ahora tenemos que escribir nuestra carta a los Reyes Magos, y meditar con precisión lo que vamos a pedir, ya que lo malo de los deseos es que muchas veces se hacen realidad, igual te traen lo que pides, y eres tremendamente rico, efímeramente feliz, pero con el corazón lleno de envidia y el alma rebosando soberbia, rico al fin y al cabo, y solo un pobre desgraciado el resto de tu vida.

Dentro de cinco días, iniciamos un nuevo año, una nueva oportunidad de valorar más lo que tenemos que lo que deseamos, una oportunidad, quizás, de volvernos más sabios a cambio de ser menos ricos, una nueva oportunidad de acercarnos a la humildad del pesebre, al Portal en Belén, donde por cierto, este año han celebrado la Navidad sin peregrinos y sin alumbrado, por esa miserable guerra, que no es más que la muestra de la codicia de los humanos llenos de soberbia, y envidia.

Vamos a ir dejando pasar los días, y vamos a valorar de verdad lo que deseamos, y que los Reyes Magos te traigan todo lo que de verdad desees. Feliz  Año Nuevo, empezamos una nueva partida, procuremos que su saldo no nos sea desfavorable.