El viejo costal | ¡Qué cruz, con el botellón!

Ya pasada la fiesta de las Cruces de Mayo en nuestra ciudad de Córdoba, he de comentar necesariamente lo que sucede en las proximidades de las más céntricas. En sus inmediaciones aparece ese fenómeno que denominan botellón, que las más de las veces esconde a menores jugando a ser mayores y usando la bebida alcohólica como si fuese un evasivo de la realidad. Y es a que ellos, ante la falta de medios económicos que le permitan usar los servicios de barra, cualquier bebida de garrafón les vale para nublar esa realidad, que no les gusta ni a ellos ni a nosotros.

Y el problema además es que en el centro de nuestra ciudad no existe ninguna zona que pueda dedicarse al botellón, con lo que los abnegados visitantes de nuestras Cruces se ven obligados a pasar por medio de estos grupos de jóvenes, sobrepasados de alcohol en sangre. En las proximidades de las Cruces, en ellos, abundan las trifulcas, propias de la sangre de abril que corre por sus venas mezcladas con ese envalentonador alcohol.

Me consta que la labor que hace nuestra policía local es encomiable, pero los medios son los que son, y creo que son del todo insuficientes. Nos consta a todos, que este año han sido sancionados mayor número de menores por estar realizando ese botellón en las calles, pero no ha sido suficiente para evitar la realización del mismo.

También es verdad que en algunas Cruces, más familiares, me refiero a aquellas que han dispuesto veladores, donde las familias se han podido sentar para disfrutar de comida y bebida, con más tranquilidad que en otras mucho más populares, también la música ha estado adaptada a este ambiente más familiar, y es curioso que en su entorno no he visto grupos de jóvenes con el mencionado botellón. Quizás una de las soluciones para evitarlo pase por esto de modificar el formato actual de nuestras Cruces.

Y puestos a apuntar soluciones, quizás la posibilidad de cerrar los recintos donde se celebran las Cruces, también facilite la labor a nuestra policía local, ya que sería bastante más sencillo identificar los que están dentro, de los que beben fuera, separación que ahora en la actualidad queda muy difuminada, ya que nadie sabe si una persona con una jarra de rebujito en la mano es cliente o por el contrario es participante de un botellón.

La otra solución, ya la apuntó algún afectado en los medios locales: establecer una zona de botellón, en el arenal de la feria, o recinto similar, que permitiese controlar más fácilmente a los participantes en el mismo, y creo, que la unión de estas tres posibilidades, veladores, cierre de recintos y área de botellón, apuntan en la dirección adecuada para poder seguir disfrutando todos de nuestras Cruces de Mayo,  evitando que los vecinos, el entorno y los visitantes sufran de esta cruz que nos viene castigando desde hace algunos años, y que de seguir así, podría terminar con nuestra fiesta. Y nosotros debemos de adoptar medidas que impidan este anunciado final, ¿no creen?