El viejo costal | Superlativos escenificados

La imparable carrera del reloj continua impertérrita, acercándonos con tesón a nuestra Semana Santa, a nuestra meta, a nuestra fe y cierta esperanza, a ese Domingo de Resurrección, manifestación de fe y esperanza de vida eterna.

Y ahí tenemos una imparable agenda de: vía crucis, cultos, quinarios, besamanos, y un largo etc. imposible de cumplir en la totalidad, y eso menos mal que parece que al menos las salidas extraordinarias están algo ralentizadas en estas fechas, que asustado me han tenido durante todo el año pasado, este año parece que la cosa va algo mejor, mejor por menos, que en el fondo es algo más de tiempo para todos.

Todos estamos en este periodo de Cuaresma, de preparación, días de caridad, de ayuno y de oración, ya aún habrá quien diga: “ya está el pesado este con lo mismo de siempre, ahora es tiempo de pasos, es el tiempo de los cofrades”, claro, los cofrades han de ser “un grupo de devotos con autorización competente para ejercitarse en obras de piedad”, al menos así lo define la RAE, o como, “Gremio, compañía, o unión de personas con un fin determinado”, lo malo es cuando se entiende como la tercera acepción, “unión de personas congregados entre sí para participar de ciertos privilegios” y evitar de la mejor manera la cuarta acepción, “junta de ladrones y rufianes”, todas estas cosas son cofradías.

Pero nosotros a lo que de verdad es nuestro, días de caridad, y vamos y creemos que la caridad es sacarte unas monedas, que de nada te sirven y entregárselas al que crees que es más necesitado que tú, y es que a lo mejor pudiera ser que este acto no sea caritativo en exceso ni en su máxima expresión, quizás lo que muchos necesiten sea de tu tiempo, pero claro hacerte pobre e igualarte con él para entregarte es una tarea difícil y que lleva tiempo y tiempo es lo que no tenemos en estos días, sí,  que pobre excusa, pobre excusa que solo hace empobrecer nuestra alma, deberíamos quitarnos unos minutos de nuestra vida, y entregarlos, como verdadero tesoro y riqueza, donarlos dedicándoselos a quien de ellos necesite.

Oración, ¿todos sabemos orar?, muchos me dicen “yo hablo con mi titular y le agradezco y le pido y ….” “yo todos los días rezo un rosario y…” y de lo que pocos nos damos cuenta es que las oraciones dichas de “carrerillas” parten de nuestro cerebro y salen por nuestros labios, pero muy lejos de nuestro corazón, y si el corazón no se entera, lo lamento, pero creo que no hay oración, ni oración ni transformación, y es que el mundo de las prisas y la falta de tiempo nos ha ido llevando a un distanciamiento total de la auténtica oración, no se trata de hacer a diario la liturgia de las horas, ni de ir a varias misas diarias, se trata solo de unos minutos, a ser posible recogidos de cuerpo y alma, en nuestra habitación, en el salón de casa, realizar un silencio de introspección y una oración que parta del corazón, llegue a nuestro cerebro y salga envuelta en un trozo de nuestra alma, algo sencillo, que nos transforme,  cosa muy difícil, pero la auténtica oración es tan simple que ya la hemos olvidado.

Ayuno, éste sí es un auténtico olvidado, nos dicen “yo guardo la vigilia y evito comer carne los viernes, solo pescado” y eso está bien, pero quizás el ayuno sea otra cosa, comer carne y pescado es prácticamente lo mismo, quizás la cosa vaya de evitar comer, quizás el ayuno sea eso ayuno, muchos dicen “eso es una cosa antigua, medieval, eso ya no se lleva”, pues será así, quien quiere disfraza su carencia con evolución o con modernidad.

Ahora, vamos a evaluarnos nosotros, cada uno a sí mismo, que cada uno escuche, valore y entienda la tradición recibida por Dios, y que cada uno se exija a si mismo llevar la cruz detrás de Él, para poder ser su discípulo, como dijo el propio Señor.

Si te ha salido el examen de conciencia bien, enhorabuena, y si no, guarda unos minutos de silencio y di conmigo “Dios mío, ven en mi auxilio. Señor date prisa en socorrerme. Gloria al Padre,….” Porque es tiempo de Cuaresma, es el mejor tiempo para empezar.