Muchas de nuestras cofradías montan verbenas populares con la única intención de poder mantener sus ingresos a niveles adecuados a las obras sociales que sostienen, y cubrir parte de las necesidades de mantener o aumentar su patrimonio, unas buenas causas sin duda alguna, que como consecuencia trae consigo una serie de problemas añadidos, nada que no pueda ser solucionado, aunque suponga cierta cantidad de trabajo, para los que gobiernan, para los que organizan e incluso para los que vigilan que las normas se cumplan.
Muchas de estas verbenas están fundamentadas en la proximidad de la Cofradía a su barrio, a su vecindario, a su templo, a su zona, y buscan con ello la añadida finalidad de aumentar la convivencia entre vecinos y entre vecinos y la entidad organizadora, cosa necesaria y que justifica el emplazamiento elegido, no se trata de trasladar a todos los del barrio a una zona apartada, se trata de vivir y convivir en el barrio.
Hemos visto todos como crece el fenómeno del botellón, esa incomoda verruga, que sale siempre en las proximidades de los lugares donde se celebran este tipo de verbenas, lo hemos visto recientemente en la fiesta de nuestras Cruces de Mayo, donde en cada una de ellas existía una zona dedicada a esta actividad, donde jóvenes, quizás demasiado jóvenes, disfrutan de sus bebidas en la calle.
Las fuerzas del orden hacen lo que pueden, o quizás más de lo que pueden, pero que resulta del todo inútil, ya que no se evita, quizás por el elevado número de participantes, o quizás por el corto número de agentes de la autoridad, no lo sé, el caso es que un insignificante número de acciones es lo que se realizan ante un elevado número de participantes, y la proporción al menos a mí, me parece demasiado descompensada.
Luego tras la bebida viene la natural necesidad de deshacerse de ella, y a pesar de que todos los organizadores tienen en cuenta cubrirla para lo que contratan servicios móviles, pues por pereza, comodidad, o quizás apremio, muchos usan las calles adyacentes para estas necesidades, y evidentemente los vecinos no reciben estos “regalitos” con agrado.
A los que hay que añadir: ruidos, voces, basura, y un largo etc. todos estos perjudiciales inconvenientes vienen añadidos, pero que me constan que los mismos no son producidos por los organizadores, ni que los mismos estén entre sus objetivos, evidentemente están muy distantes de estos desagradables efectos adyacentes y producidos por elementos incívicos, y es aquí donde hay mucho trabajo por hacer.
Regular horarios, regular los botellones y sus daños colaterales, esos que todos conocemos, regular sonido, regular el entorno y mantenerlo ordenado y limpio, aumentar el trabajo al fin y al cabo, más trabajo, y menos prohibiciones, y aunque trabajar cuesta mucho trabajo, ahí es donde está la solución, horarios, entorno, sonido, limpieza, y civismo es la buena solución al problema de las verbenas populares, la prohibición de las autoridades es una pobre salida, salida de quien no quiere trabajar, a pesar de conocer perfectamente como terminar con los problemas, pero prohibiendo acaban también con sus propios problemas.





