El viejo costal | Vanidad, orgullo, obediencia y traslados

Por Jerez andan remolinos de desencanto por la determinación de su Reverendo Obispo, que ha determinado autorizar los traslados de ida de las imágenes de las hermandades que montan altares en el recorrido del Corpus, pero que no autoriza el traslado de las mismas de regreso a sus templos.

La mitad si, la otra mitad no, curiosa forma de reparto, el obispado jerezano ha autorizado los traslados de ida, no así los de vuelta, por lo que las hermandades y entidades colaboradoras han de usar otros medios para los regresos a sus sedes canónicas, solo permite el traslado de los pasos usando costaleros, pero no así con las imágenes.

Esta orden de palacio es el centro del torbellino que ha llegado a tambalear la debida obediencia al Reverendísimo Jerezano, algunos cofrades han manifestado que las hermandades afectadas a modo de represión deberían de suprimir los traslados de ida, así como el montaje de los altares, otros cofrades señalan que esta inentendible decisión solo reduce la grandeza de la que ha de ser la más importante procesión del año.

Señalar desde mi modesto punto de vista que sin entrar en el error o en el acierto del Reverendo, lo que ha destacado sobre todas las cosas es la falta de sentido común, el exceso de vanidad,  y de orgullo, de los que manifiestan como posibilidad suprimir los montajes de los altares, ya que este tipo de manifestación es muy populista y solo busca la aprobación ajena, y dejar un marcado rastro de rencor, así como disminuir la solemnidad al paso de la bendita custodia.

Ante la presencia de su Divina Majestad, solamente debe el cristiano, poner una rodilla en el suelo, y ofrecer este humilde acto ante la presencia de la consagrada forma, manifestando con su genuflexión nuestro respeto y nuestra adhesión a nuestro Señor Jesucristo Sacramentado.

Efectivamente creo que es la más importante procesión, siendo todo lo que la rodea una nimiedad, salvo lo que porta la custodia, y es por eso, de la necesidad de más humildad, menos vanidad, y bastante menos orgullo, engrandecer desde la paciencia con humildad, con errores o sin ellos, manifestar nuestra obediencia solidaria de nuestro colectivo, incluso sin tener la plena convicción o seguridad en su acierto.

Pienso que lo que de verdad ha sobrado en algunos cofrades de Jerez ha sido vanidad y orgullo, que les ha faltado obediencia, humildad, y paciencia. Así como una buena dosis de sentido común, ya que focalizando los problemas en el entorno han olvidado el centro, lo que se ha de celebrar es la fiesta Solemne del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y todo siempre a mayor gloria de Dios.