Esto de los cofrades veo que progresa adecuadamente… Bueno, con las falsedades normales en la mayoría de las cosas. ¿¿Falsedades, dice usted?? Sí, he dicho falsedades, y le he añadido, a modo de apellido, “normales”. Y muchos dirán: “¡Uy, lo que ha dicho!”. Pero bueno, si quieren, vamos a darnos un paseo por lo gestado en esta última semana.
Todos los asuntos han salido como noticias; han volado y han pasado junto a muchos cofrades que no se han atrevido a juzgar cada acto de los siguientes, a pesar de que solemos ser, nosotros los cofrades, dados a sentenciar cada una de las cosas que nos afectan. Aunque no todas… solo las que nos afectan de forma solapada; las directas, muchas veces, las olvidamos.
Un político, en sus redes sociales y ejerciendo su derecho a la libre expresión, se quejaba de las banderolas colocadas para exaltar la devoción de Córdoba a la Virgen de la Paz y Esperanza.
Opinión, quizás, imprudente y del todo desacertada, ya que solo ofende a quien quiera ofenderse. De ello dio buena cuenta nuestro compañero Guillermo Rodríguez, dejando a un lado la falta de vista del político, que parece ignorar que el porcentaje de cristianos en España alcanza aproximadamente el 60 % de la población. Al señalar como “no autorizadas” las banderolas, en realidad lo que hace es declarar que ese 60 % de la población no le interesa. Así cualquiera hace campaña. Pedía Guillermo Rodríguez: “mayor prudencia a quienes ejercen un cargo público”. Y esa falta de prudencia es tan legendaria como la ausencia del más común de los sentidos: el sentido común, del que carecen muchos de nuestros representantes en el Ayuntamiento de nuestra ciudad. En fin… resignación.
Asistí a la rueda de prensa convocada por la Agrupación de Cofradías de Córdoba, junto al Cabildo Catedral y Canal Sur, en la sala de prensa del Obispado. Todo dentro de la habitual normalidad: muchos agradecimientos de todos para con todos, lo habitual.
Señala Canal Sur que el despliegue será amplio: dos drones, una grúa telescópica, una cabeza caliente en el Patio de los Naranjos y diez cámaras distribuidas por la carrera oficial.
Para un evento como este me parecen pocos medios, y demasiado centralizados en la carrera oficial de este magno acto. A la fecha de la rueda de prensa, solo diez televisiones se habían interesado por la señal pool institucionalizada, bastante distante de la finalidad manifestada por el director de Canal Sur en Córdoba, D. Pedro García: “Romper la dinámica de que cada ciudad solo vea su Semana Santa y conseguir que toda Andalucía contemple este acontecimiento”.
En la misma rueda de prensa, D. Manuel Murillo, a pregunta sobre el estado de la venta de sillas, manifestó que de las 7.000 puestas a la venta se habían vendido algo más de 5.000. Aún quedan, pues, unas 2.000. Y la pregunta se cae por su propio peso: ¿tendrá algo que ver el precio?, o quizás el hecho de que estén dispuestas en las dos entradas posibles —Fleming–Santos Mártires y Ronda de Isasa—, lo que hace que el asistente se pierda a las que entran por la otra. Y, a pesar de ser más baratas, aún quedan por vender.
En otro orden de progresos, la Hermandad de la Presentación al Pueblo, de Cañero, queda asignada —y así lo acepta— al Lunes Santo. Por fin. Ya le estaba yo dando por tardía esta asignación. Y es que lo intentado del Miércoles Santo, de una complejidad insalvable, hacía prever que su salida en Lunes Santo sería un acierto. Ahora, a disfrutar de esta nueva etapa.
¿Y qué me dice usted de los ensayos de costaleros en los fines de semana? Sí, esa directiva emanada de la Agrupación de Cofradías —y de acuerdo con las Hermandades— que pretende evitar los ensayos en fines de semana “para no coincidir con otros eventos de la ciudad ni con los propios actos de las demás hermandades”.
Deberán celebrarse, pues, en horario nocturno o de madrugada, en días laborables, evitando los mediodías o las tardes de las jornadas festivas. Casi todos los capataces se han manifestado en desacuerdo con esta medida. Unos alegan que los fines de semana facilitan, en horario diurno, la asistencia de sus costaleros; otros, que a la noche se llega agotado y desmotivado. Incluso hay quien la ha calificado de “demencial: empezar un ensayo a las once de la noche…”.
Y la dificultad oculta es que hay muchos costaleros que repiten entre unas y otras cuadrillas, que sacan muchos pasos y no pueden estar varias noches seguidas acostándose a las dos o las tres de la madrugada. Algún capataz ha señalado, además, las molestias para los vecinos y los servicios de limpieza. Así opina, prácticamente, la totalidad de los capataces actuales.
Parece ser que nadie se da cuenta de que es muy raro el fin de semana en que no haya una o varias salidas extraordinarias, rosarios, vía crucis o misiones por las calles de nuestra ciudad.
Y eso sin menoscabo de los demás eventos —que los hay, y muchos—, porque tantos en tan pocas calles… la verdad, no cabemos. Hay que ordenarse para no molestar ni ser molestado.
Sea como sea, antiguamente recuerdo que se ensayaba cinco días entre semana, y nunca en fin de semana. Y si lo había en viernes, después del ensayo, se iba uno a tomar algo con los compañeros. Y, como pueden ver, aquí estamos: sacrificio y fuerza, hermanos costaleros.
Así vamos, progresando adecuadamente: con carencias y con sobradas medidas; con inteligencia y con falta de ella; con normas actuales que nos devuelven a tiempos remotos; y con cada día más salidas, más magnas, más sillas, más regulaciones y más hermandades en nuestra Semana Santa.
¿Progreso adecuado? Respondan ustedes.





