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El Cirineo, Opinión

El vómito perpetrado en Córdoba que insulta a las Hermandades de San Gonzalo y Santa Genoveva

Para la gran mayoría que jamás haya oído hablar de él, el panfletero aficionado Manuel Figueroa León, que ejerce su profesión en el ámbito sanitario –tengan cuidado en manos de quien ponen su salud si son cofrades y el interfecto se entera, valga la broma–, se cree escritor por haber escrito un puñado de libros, ha sido integrante de listas electorales de Equo, por supuesto sin trascendencia alguna y gusta hacerse llamar Manuel Harazem, en un arrebato de ridículo complejo de estrella trasnochada, es un individuo irrelevante que forma parte del conglomerado de extrema izquierda, conformado por entidades como Córdoba Laica o Paradigma,  que intenta agitar a las masas perroflautas contra la iglesia y las cofradías de cuando en cuando – con bastante poco éxito, todo hay que decirlo– cuando su tiempo libre y su capacidad se lo permite, aprovechando cualquier excusa para vomitar su odio contra todos los ciudadanos que no piensan como él. 

Hace unos años perpetró un repugnante y miserable ataque contra las cofradías sevillanas en general y contra las de San Gonzalo, Santa Genoveva y la Macarena en particular, en forma de vómito infecto, difundido por los pequeños blogs que controla. Un texto que ahora ha vuelto a publicar, saturado imagino por haber tenido que soportar cofradías por la calle en la que vive hace tan sólo unas semanas, a ver si ahora alguien le hace algún caso.

En vista de la insistencia, y más allá de que no está de más escribir algo nuevo en lugar de volver a repetir las mismas sandeces que se vociferaron en 2017 –por muy satisfecho que uno esté del truño depositado–, vamos a darle su minuto de gloria, subrayando sus insultos, con ánimo -no se lo voy a negar- de que los equipos de gobierno de las corporaciones aludidas tomen cartas en el asunto, y emprendan acciones legales contra este sujeto. 

Entre las burradas que contiene el panfleto, Figueroa llama a Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder, dios de coñá barato –será que cobrar un buen sueldo de nuestros impuestos le permite menospreciar lo que toman quienes no pueden gozar de su acomodada posición económica–. No contento con el repugnante insulto, el panfletero tacha a miles de ciudadanos como “huestes cofrades”, “calaña narcocatólica” y “simples y tristes adictos a la cofradeína, (que) como el cocainómano no es consciente del insondable pozo de criminalidad que satisface su adicción” –extraigan la connotación que prefieran– y a la túnica nazarena, sagrada para muchos, “disfraz ritual”. Además, cataloga el origen de la Hermandad del Barrio León como “saco de mugre ética”. 

“El círculo de putrefacción moral cofrade que rodea a la figura del psicópata asesino de masas general don Gonzalo no acaba ahí”, -prosigue insultando-. “El nombre de su mujer, Genoveva, dio origen a otra asociación dispensadora de cofradeína, la Hermandad y Cofradía de Santa Genoveva –para la que también tuvieron que echar mano de una oscura santa francesa– que aún sigue arrastrando el homenaje a la señá generala por las calles de Sevilla”. Y respecto a la Macarena utiliza el manido argumento de la tumba de Queipo afirmando que “ambos dos, genocida y consorte, yacen bajo lujosas lápidas de mármol der güeno en el centro espiritual del cofradierismo sevillano: la basílica de la Macarena, levantada por orden del genocida en el solar donde estuvo Casa Cornelio, la taberna en la que se celebraban las más animadas veladas libertarias de Sevilla“. Es cierto que a la Macarena no llega a insultarla, probablemente porque cuanto mayor es el potencial de quien se tiene enfrente, menos se atreve.

El panfletero va dejándose llevar en su delirante escalada de violencia intentando relacionar a las cofradías españolas con el “espíritu del Ku-Klux-Klan”, sin que se le caiga la cara de vergüenza por el ridículo argumento que, en su opinión, descansa en que “los expertos –a los que por descontado no cita- coinciden en la idea de que la estética actual de los desfiles de penitentes, los nazarenos, tan parecida a la ku-klux-klanista porque precisamente la inspiró, es una regurgitación cíclica de la obra de la Inquisición, la primera maquinaria de represión totalitaria de la modernidad europea. Contra librepensadores y andalusíes, judíos y moriscos, es decir, esencialmente racista. Obligados a convertirse o ser exiliados o quemados en la hoguera tuvieron que extremar sus manifestaciones de adhesión. Y se adhirieron a las cofradías de penitencia católicas como medio de salvación y se cubrieron el rostro para evitar ser reconocidos por los suyos y librarse de la vergüenza de ser vistos colaborando con los perseguidores de su pueblo”. Todo ello, sin anestesia.

Un delirio que alcanza su máximo esplendor al asegurar que “fueron tantos que al final acabaron imponiendo su propia estética y, sarcasmo maravilloso, vistiendo a los ídolos femeninos contrarreformistas con el tradicional vestido nupcial semita. Sólo hay que comparar el atuendo de una virgen de procesionar andaluza con el de las novias bereberes de toda la vida”. Es decir, las dolorosas visten como visten gracias a los sometidos y perseguidos “andalusíes, judíos y moriscos” que, nadie sabe con qué fuerza exactamente, impusieron su criterio y las ataviaron al modo semita. Ridículo y patético. Más allá de no tener ni la más remota idea de por qué se viste como se viste a las dolorosas, ¿imaginan a un musulmán vistiendo una imagen al modo judío o bereber? Yo, después de secarme las lágrimas provocadas por la risa, tampoco. La retahíla de burradas culmina subrayando que “los hermanos mayores tenían que ser nobles y cristianos viejos, verdaderos o, lo que fue más normal, falsos, de comprados certificados de limpieza de sangre, reproduciendo en su interior el racismo castellano católico y las relaciones amo-esclavo. Origen todo ello de la esquizofrenia radicular y secular de la sociedad española desde entonces”. Les reconozco que he estado tentado ponerle en contacto con la hermandad de Los Gitanos.

En otro pasaje del texto, el panfletero explica –es un decir- que existe “conexión entre esas formas desaforadas de idolatría y el atraso material, social y moral de los españoles” antes de asegurar –solo él sabe con qué objetivo, teniendo en cuenta la escalada de violencia contra las hermandades que se vive actualmente- que “las cofradías conspiraron desde primera hora para derribar la República, como demuestra el boicot de la Semana Santa de 1932 que todas las de Sevilla, excepto una, montaron para extorsionar a las autoridades republicanas tras declararse legislativamente en sede parlamentaria la aconfesionalidad del estado español. Como parte indisoluble de la Iglesia y su brazo armado, se convirtieron en medularmente franquistas”. No sé lo pierdan: el panfletero se queja de que las cofradías hicieron exactamente lo que a él le gustaría… No procesionar y a eso le llama «boicotear a la República». Demencial.

Los insultos y barbaridades no quedan ahí. Figueroa afirma que las cofradías “apoyaron el golpe y el genocidio con verdadero fervor”, que “algunos de sus hermanos mayores fueron frecuentemente cómplices de los crímenes de cuneta”, que “muchos represaliados se incorporaron a las cofradías para evitar ser fusilados y dentro de ellas tuvieron que representar de nuevo las relaciones amo-esclavo de origen: nobles castellanos/andalusíes, falangistas/rojos”, para culminar su vómito asegurando que algunas cofradias siguen procesionando con “cruces de hierro hitlerianas y banderas con simbología nazi”. Una auténtica concatenación de insultos, burradas y barbaridades que suponen haber sobrepasado muchas líneas rojas y que, en opinión de quien les escribe, deberían ser analizados por las hermandades aludidas, y por qué no, por el Consejo de Hermandades de la ciudad de la Giralda, para emprender las acciones legales oportunas y que este sujeto se lo vuelva a pensar antes de volver a vomitar.

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