Quién nos iba a decir que estamos a solo ocho días de una nueva Semana Santa, de un nuevo Domingo de Ramos. Ya está casi todo perfilado a falta de los detalles que siempre se dejan para el final, junto a los problemas de ultimísima hora que también suelen pasar o incluso llegar.
Ya casi todos, tienen sus distintos atuendos en perfecto estado de revista. Está todo preparado para ese retoque que da paso a ese suspiro de que esto ya está aquí, un año más.
En el recuerdo, se vienen esos seres que ya no podremos compartir con ellos, cada uno de esos instantes y momentos que los hacían tan especiales, por el motivo o detalle que fuese.
En esos recuerdos debemos de seguir teniéndolos como si estuvieran con nosotros para que, sigan siendo, igual de especiales que antes y no dejando en el olvido a esos otros que la enfermedad no les permitirá disfrutar a pie de calle, pero casi seguro que, en frente de una televisión, un ordenador o escuchando por una radio lo podrán hacer.
Las gargantas se afinan para ese cantaor de saetas, los músicos tienen tanto su uniforme como su instrumento como brillantes para parecerse al rey sol. Las túnicas están ya colgadas en ese lugar de nuestras moradas, para que su belleza no se deteriore y luzcan esbeltas su figura.
Las candelerías lucen sin luz a que llegue su día para dar esa luz que tanto nos gusta ver, con su incansable lloriqueo para que dejen esa forma que tanto nos gusta junto a su olor de cera.
Los mayordomos o diputados de paso, son ahora mismo las personas más importantes dentro de las hermandades para que todo se encuentre perfecto y bien colocado. Cada cofrade tiene ese lugar con lo más primordial colocado y formado en función de la importancia que tenga de sus abalorios.
Medallas, guantes, estampas, pañuelos, trajes, túnicas… La mantilla empieza a salir de su letargo anual. Las papeletas de sitio son ahora mismo uno de los tesoros mejor ubicados en nuestras casas.
Los programas de mano empiezan a salir para todos, teniendo sus coleccionistas atentos para conseguir y seguir aumentando su colección año tras año. Y aunque sea lo mismo todos los años, todos los años es algo nuevo.
Los postres de esta época son de otra dimensión en cada casa y en la respectivas panaderías y pastelerías. Torrijas, pestiños, etc.…, se convierten en un pase de modelos por cada alfombra roja de sus respectivos escaparates, para uso, gusto y disfrute de cada uno de nosotros.
Y para terminar esta noche tendremos a la hermandad de la Bondad en la calle. La expectación es máxima por ver a una hermandad caminar por las calles de la ciudad. Hermandad que sigue creciendo día a día a pasos agigantados. Hoy es su gran día y esto no se lo quita nadie.
Sean felices y extrapólenlo, esto está aquí en nada, solo restan ocho días para volver a saborear la gloria.





