En mi Huerto de los olivos | Juego de tronos

Estamos hoy a 30 de julio y la vida en las hermandades es fantástica. Las juntas de gobierno, renuevan o finalizan contratos de bandas, capataces escogidos y otros que se quedaron cerca de la orilla, contratos de nuevas adquisiciones o restauraciones ya que el patrimonio de la hermandad hay que seguir manteniéndolo esplendoroso.

No es menos cierto, que en el avatar de la vida de las hermandades surgen siempre algunos que se creían que no les moverían la silla por su situación. 

Nada más lejos de la realidad y si no que se lo pregunten a la Banda de la Presentación al Pueblo de Dos Hermanas que en poco más de dos meses, de ser una banda de referencia en el mundo de las bandas y por la cual había hermandades que luchaban y pujaban por sus sones, parece como si les hubiese entrado una enfermedad y ya sus sones no son acordes a las hermandades en las cuales estaban. Ver para creer. Quien de todo el planeta cofrade no ha tarareado o silbado alguna de sus marchas o incluso ha dado un “izquierdazo” o un costero, qué memoria más corta tenemos los humanos y los cofrades aún más.

El juego de tronos, es impresionante a la misma vez que un poco mísero según el entorno que se vea y en función de las circunstancias que determinan ciertas toma de decisión.

Así hay cofrades que parece que el trono era solo suyo, como el tesoro de “Gollum” en la serie del Señor de los Anillos, y una vez le han movido dicho trono empiezan a repartir como ese periquito de agua, al cual le falla una pieza y el agua se esparce por doquier y sin aviso.

Cada cual, sabrá cómo escribir su legado o en su reinado. Hay buenos cuentistas, dramaturgos, redactores o comediantes que no tienen que escribir sobre sus acciones, solo con el simple hecho de sus gestas dejan tiritando el relato.

Pero lo que nunca podrán decir de uno, que para hablar y censurar o alabar a una persona, hay que sentarse junto a él, comer en la misma mesa un esportón de sal y una vez acabado, nos podremos hablar sin miedos y tapujos.

Es muy fácil, hablar tras la cortina como las viejas del visillo y sin dar la cara o con un nombre escondido en un pseudónimo. Hay que tener valentía para sentarse y hablar, sobre todo cuando la otra parte, habla o escribe, lo hace con su nombre por delante, sin componendas ni tapaderas, a pesar de que eso suponga que le cierren las puertas de otros lugares.

La vida es para vivirla, ser valientes a la misma vez que honestos y si fueron atrevidos, no se arrepientan de lo que hicieron, por supuesto, si se equivocaron y molestaron a alguien sepan pedir perdón o disculpas, seguro que ellos no lo harían con usted. Ahí demuestran su categoría y educación. 

Sean felices y extrapólenlo, no se lo queden solo para ustedes. Venga vamos otros pocos de vacaciones, ya quedan menos para los que aún no las hemos tomado.