Ante la deriva que la vida cofrade está tomando, hay momentos que no dejan de sorprenderme, y lo peor de todo es que seguimos sin mirarnos el ombligo y la culpa es del otro.
Me exponen una serie de hechos que acaecen en torno a las hermandades y más concretamente en torno a las cuadrillas de costaleros.
Al igual que tenemos las Hollycards y hay quedadas para cambiar o intercambiar dichas estampas, nos estamos encontrando con algo parecido en cuestión de los costaleros, con cambios de cromos.
Es normal que los capataces, tengan a sus hombres de confianza, esto ha existido siempre, existe y existirá. Pero no es menos cierto, que cada vez hay menos costaleros de devoción por una imagen o su hermandad, y si hay más costaleros de afición, por un capataz, normalmente.
Las cuadrillas tienen un boom especial, y es algo fantástico. Pero ese boom en número de integrantes en cuadrillas, se vuelve más por afición que por devoción.
Y para ello, con darse una vuelta por los cultos de las hermandades podemos ver qué ese boom en las cuadrillas, no se extrapola en un mínimo porcentaje en número de integrantes en los actos de las hermandades.
Costaleros hermanos, los hay. Pero hermanos por devoción o afición. No es menos cierto que al igual las juntas de gobierno, conocen del filón económico que tienen en esas cuadrillas. Y todo ello, contribuye, a qué estamos perdiendo el verdadero sentido de las hermandades.
El otro día un capataz me comentaba que a pesar de lo que le gusta este mundo del costal y martillo, lo importante se ha perdido y se ha cambiado lo importante, la esencia por la que somos católicos y cofrades.
Ahora importan más el número de integrantes de las cuadrillas, que el número de integrantes en unos cultos u otros actos que organice una hermandad.
Me lo decía con una pena y resignación, añorando aquellas cuadrillas que eran más justas en efectivos pero mucho más involucradas en los actos de la hermandad. No sólo eran ensayos y procesiones.
Ya los sentimientos no significan casi nada, ni para juntas de gobierno, ni capataces, ni costaleros. Ahora impera el protagonismo de los actores de esta comedia de teatro en la que estamos convirtiendo este sentimiento de amor a una hermandad. Y por supuesto impera la falta de confianza, al perdón y dar otra oportunidad.
Así que nos entramos, que los unos por los otros, todos escurrimos el bulto y tenemos por lema culpar a los demás, porque tú o porque yo.
Sean felices en este segundo fin de semana de la Cuaresma.





