Es sin duda un momento difícil pero feliz. Enfrentarse al atril es algo que cuesta mucho, y más por primera vez. Sirve de carta abierta para el conocido, y sobre todo, el desconocido, donde comedidamente uno puede ser uno mismo desde el respeto y la libertad que no guardan hoy en día otros sitios, como las redes sociales. Rezo y quiero creer que allá donde alguien se postre ante el atril sepa a lo que se enfrenta.El atril es el diario donde uno relata sus sueños, donde seréis los narradores del romanticismo, de la crudeza, de la verdad y de la mentira. Sepan que nada daña ni cura más al alma que la palabra, el verso, la prosa. Y es por eso, que al igual que un arma, debe tratarse con cuidado.Porque, como todo, somos profetas de todo y de nada. Que el atril no nos egolatrice ante el resto, que no caigamos en buscar un currículum cofrade para competir y ser el que más ha pregonado. Que venga, y no se busque, porque desgraciadamente, como en cualquier ámbito, el egocofradismo está a la orden del día. Y ojalá algún día, al pasar lista, le pongamos falta al ego.





