Enfoque | Cofradías, no; procesiones sindicales, sí

UGT y CCOO han logrado congregar a la friolera de 1600 «fieles», banda de tambores incluida, para lo que han cortado avenidas

En esta ciudad nuestra, tan propensa al absurdo selectivo, las cofradías tienen que pasar por un viacrucis administrativo cada vez que quieren pisar la calle. Que si faltan efectivos policiales, que si no se puede cortar el tráfico, que si se altera la vida ciudadana, que si el incienso contamina o espanta a los gorriones, que si el ruido de las cornetas y los tambores… Un auténtico estado de excepción que se activa con precisión quirúrgica cada Cuaresma; no digamos ya para un rosario de la aurora en cualquier época del año.

Pero llega el 1 de mayo y, milagrosamente, aparecen policías, se cortan avenidas enteras y se habilitan desvíos como si estuviéramos ante la visita del Papa. ¿La razón? La masiva movilización sindical. UGT y CCOO han conseguido reunir la impresionante cifra de… ¡1.600 personas! En una ciudad de más de 320.000 habitantes. Menos que los asistentes a cualquier traslado de vísperas. Pero eso sí, con todos los honores: cortes de tráfico, cobertura mediática, autoridades a pie de pancarta y hasta aplauso institucional.

Y eso no es todo. La CTA ha aportado unos heroicos 100 manifestantes, y la CNT, no menos combativa, ha logrado congregar a 150 irreductibles. Con esos números, cualquier cofradía de barrio se les queda grande. Pero a nadie le falta su policía local, su corte de calles y su respeto reverencial.

¿Y para qué marchan? ¿Salarios dignos? ¿Derechos laborales? No, no. Marchan para defender al Gobierno de España. Sí, como lo oye. No se manifiestan contra el poder, como cabría esperar de un sindicato, sino a su favor. Se han convertido en su guardia pretoriana con pancartas, su escolta ideológica con megáfonos.

Mientras tanto, las hermandades son tratadas como un lujo innecesario. Cada euro público que se les asigne es examinado con lupa, denunciado por laicistas de guardia y utilizado como munición por quienes ven en una procesión poco menos que una amenaza a la democracia. Porque, claro, las subvenciones a las cofradías son un problema para las arcas municipales, pero las millonadas que reciben los sindicatos —que representan cada vez a menos trabajadores y cada vez con menos convicción— eso no se cuestiona. Silencio administrativo.

Y es que las hermandades, con recursos limitados y muchísimo esfuerzo voluntario, sostienen obras sociales constantes, atienden a los más necesitados, mantienen tradiciones vivas y movilizan a toda la ciudad durante semanas. Generan un impacto económico real y masivo, cohesión social, identidad y participación. Pero claro, no llevan eslóganes oficiales ni agitan banderas gubernamentales, así que su aportación molesta.

Así que aprendamos la lección: si quiere usted cortar calles sin problemas, no organice un viacrucis. Organice una manifestación de 150 personas con camiseta roja y tambores perroflautas. Si quiere recibir dinero sin dar explicaciones, no monte una obra social. Monte una sección sindical. Y si quiere hacer ruido sin que le llamen la atención, no toque una corneta… ¡coja un megáfono y defienda al Gobierno! Porque en esta Córdoba surrealista, el incienso molesta, pero el humo sindical, no.