La Vicaría General del Obispado de Asidonia-Jerez ha denegado la autorización a la Antigua y Venerable Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias para realizar la salida en misión de su titular al Colegio Oratorio Festivo “Padre Torres Silva”, prevista entre los días 5 y 11 de mayo, a pesar de haber sido comunicada —según la Hermandad— “en fecha y forma”.
La corporación tenía previsto el traslado de la imagen el lunes 5, su estancia en el centro educativo durante toda la semana, y su regreso el domingo 11 de mayo, tras una Eucaristía en el Hogar San Juan. Sin embargo, al no contar con la preceptiva autorización eclesiástica, todos estos actos han quedado suspendidos, según comunicó la propia Hermandad a través de sus canales oficiales.
Un maltrato creciente que ha provocado una profunda repulsa en el mundo cofrade jerezano que no está dispuesto a permanecer indiferente ante una situación que, lejos de ser un caso aislado, refleja un preocupante patrón de trato hacia algunas hermandades por parte de ciertos sectores de la Iglesia diocesana. La negativa a permitir una iniciativa pastoral de carácter misionero, centrada en la evangelización y el contacto con los jóvenes, constituye un gesto que roza la incomprensión y la falta de sensibilidad pastoral y que se suma a múltiples negativas perpetradas contra diversas hermandades a lo largo de los últimos tiempos.
Lo que podría haber sido una ocasión para hacer presente a la Virgen en un espacio educativo y llevar su mensaje a nuevas generaciones, ha sido cercenado sin explicación pública ni lógica alguna, alimentando la sensación creciente de maltrato institucional hacia determinadas corporaciones religiosas.
Las hermandades no son meras asociaciones folclóricas, sino pilares fundamentales en la vida espiritual de nuestras ciudades, comprometidas con la acción social, la catequesis y la evangelización. Impedir una salida que no tenía carácter penitencial, ni procesional, ni festivo, y que además se justificaba por su valor misionero, constituye una muestra de desconfianza institucional que muchos fieles califican de ofensiva.
Muchos son los cofrades que han denunciado en los últimos meses el deterioro del trato que algunas hermandades están recibiendo por parte de ciertos sectores de la curia, cada vez más alejados de la realidad de los fieles. No se puede construir Iglesia desde el autoritarismo ni desde el desprecio silencioso, sino desde el acompañamiento fraterno, el respeto mutuo y la colaboración activa.
La comunidad cofrade merece explicaciones claras, no silencios hostiles. Porque cuando se niega el paso a quien quiere anunciar a Cristo, se cierra la puerta al Evangelio que tanto se predica. Y eso no solo duele: escandaliza.





