El Capirote, Málaga, Sevilla, 💙 Opinión

Esto es un «Vaquerazo»

Cuando el pasado año la pandemia impidió la celebración de nuestra Semana Santa como la conocemos, bajando de los altillos las túnicas, viendo cómo la cera se adueña de la ciudad y divisando en lontananza los últimos instantes del Domingo de Ramos anidando en el palio de la Amargura, imaginamos una cuaresma diferente a la que nos había tocado vivir y que se truncó a mediados de marzo.

Este año supimos desde el principio que no volveríamos a ver el palio del Valle perderse de regreso a su templo, las levantás que nos sobrecogen del palio del Silencio o el regreso de los Negritos por Guadalupe. Tampoco ha habido conciertos ni pasacalles, y algunas corporaciones hasta han suprimido sus cultos. Pero los carteles no han faltado a su cita.

Pasados el ecuador de la cuaresma sabemos que el tiempo de preparación y la Semana Santa serán de puertas hacia adentro. Algunos ya lo intuían desde el año pasado pero otros soñábamos con un cortejo de nazarenos blancos por el Porvenir. Sin pasos en la calle hay quien ha imaginado unos días grandes vacíos, y quien ha visto la oportunidad para bajar el listón y ofrecernos obras que no han removido las entrañas de quienes las contemplan.

Puestos a analizar los carteles que hemos visto pocos han sabido estar a la altura. A las puertas de marzo conocíamos el de la Semana Santa de Ronda. Jesús, de perfil, basta para transmitir un mensaje de esperanza, de que todo volverá a ser como antes. Vaquero se aleja de los carteles poblados de símbolos, preñados de tal cantidad de objetos y formas que necesitan de una explicación por parte del autor para conocer la presencia de estos. Pero el de Ronda entraña en sí mismo la luz envuelta en la oscuridad, el camino, la verdad y la vida.

Cuando uno contempla el cartel de la ciudad malagueña imagina el día en el que llegaremos a llenar las calles, a inundar de palmas rizadas los balcones, las tardes largas con los vencejos anidando en los campanarios y las mantillas tejiendo el cielo. Chicotás, sueños de la infancia y los ciriales a la vuelta de la esquina.

Desde que Fernando ilustrara aquel Corpus Christi han pasado ya algunos años. Llegó la diagonal con el sudario al viento que nos rasgó el alma y ahora nos devuelve la esperanza con la mirada de Jesús. Si la RAE recoge ya el adjetivo «berlanguiano» para referirse a la obra de Luis García Berlanga, no estaría de más que «vaquerazo» fuera el calificativo idóneo para advertir que nos encontramos ante una buena obra.

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