Andalucía, El Capirote, 💙 Opinión

Los carteles que nos salvaron

Cuando el pasado lunes la ciudad celebró el Vía Crucis del Consejo en el primer templo de la ciudad las crónicas ofrecían dos puntos de vista. Como ejemplo escuchamos en El Llamador cómo describían que el aforo no se había llenado. En ABC afirmaban que este fue completo. Un aspecto objetivo que podrían describir quienes asistieron. Tan sencillo como observar si todas las sillas estaban vacías… o no.

Si no hay unanimidad en un hecho tan palpable imagínense la de matices que sugieren los carteles, por ejemplo, de nuestra Semana Santa sobre todo si aquí abordamos gustos, tan propios como subjetivos. Del cartel de Chema Rodríguez podemos alabar su técnica, de primer nivel. Nadie duda tampoco de las influencias que observamos de Carmen Laffón. O que el Consejo ha establecido sus directrices y marcado las líneas rojas que no podía saltarse el artista —el que paga manda—. Y que esto coarta la libertad del creador. Algo incontestable.

Armario blanco y Mesilla de noche, dos obras de Carmen Laffón

Al tratarse de gustos la variedad es tal que solo bastan unas visitas a las redes sociales para ver que las hay de todos los colores, desde instruidos en Historia del Arte que vierten sus opiniones, más o menos construidas, hasta los que se dejan arrastrar por la primera impresión y la lanzan al mundo con tan solo un clic.

Solo nos falta que impusieran una mordaza para decir si algo gusta o no. Podrán ser más especializados o no tener conocimiento exacto de la obra, pero a todos puede provocarnos una sensación, respetable o no en la medida en la que derramemos nuestros juicios. En un año donde la cartelería ha mostrado signos de agotamiento y todo se ha repetido hasta la saciedad esperábamos que algún cartel fuera un grito en la pared, una joya para el recuerdo, y de este tipo, para el que suscribe, tan solo hay dos entre tal profusión de ocurrencias.

Las redes sociales, claves a la hora de hacer humor

Hemos tenido mascarillas por doquier, tantas que cuando no veíamos una en un cartel nos impresionábamos tanto como cuando por la calle alguien no la luce. Los ancianos miraban por las ventanas a sus titulares, ¿ha quedado claro el envejecimiento de la sociedad española? Lo que también ha asombrado es el declive notorio de una cartelería que no por cuantiosa ha ganado enteros en calidad.

La polémica llegó desde Granada con una composición que por tener contenía imágenes de otras ciudades, como el ángel confortador de la cofradía de la Oración del Huerto de Jódar. Díaz Arnido anunció la Semana Santa de Almería con el rostro de un niño de la Borrquita. No faltaron quienes emitieron un veredicto que dio para otro debate: ¿Guardan los artistas sus mejores obras para celebraciones con mayor eco? Dicho de otro modo, ¿habría Díaz Arnido anunciado la Semana Santa de Sevilla con una obra similar a la utilizada para la capital almeriense?

Quienes compartieran esta idea —debatida en varios foros— supieron apreciar la grandeza de quienes plasman toda su genialidad en una creación independientemente del lugar para el que se realiza. Llegó Córdoba y Juan Miguel Martín Mena ideó una obra que consolida a la ciudad califal como referente cuando comienza el goteo de composiciones pictóricas. Una etapa incipiente a la que otorgó nivel Fernando Vaquero el año anterior.

El Lunes Santo de la hermandad de la Crucifixión según Curro Claros

Continuaron los collages, los pastiches y composiciones que llegaron a dar hasta miedo. Vimos obras que por su autor se esperaban rompedoras y que luego no despertaron tal emoción, —como el de la Semana Santa de El Viso del Alcor, de David Payán, quien se metió el año pasado el público en el bolsillo anunciando la semana grande de Huelva—, o las que parecían incluir elementos que nos recordaban a películas de la infancia, como La mano que mece la cuna, en Jerez de la Frontera de manos de Samuel Martínez “Pol”. Y con la profusión de carteles no fue extraño que los encargados por las hermandades superasen a los oficiales de toda una ciudad. Como muestra un botón, el de Curro Claros anunciando el Lunes Santo de la Crucifixión bien podría haber sido el de este año de Málaga, que en años anteriores asombraba al panorama pictórico.

Otra ciudad que lleva años ganando en este aspecto es Huelva. Díaz Arnido, Payán, Zurita… Hicieron carteles memorables. Y Antoine Cas ha contribuido a que cada año se espere con entusiasmo conocer la composición que toma el relevo del anterior. Colorido e ilusionante, ingredientes que hoy vimos olvidados en el de Chema Rodríguez, que pasará como otro cartel más de la Semana Santa. Una creación fría, que ya se encargaron de relacionar con el mobiliario de una reconocida empresa sueca.

El hecho de que no existan cofradías en las calles no tendría que haber sido pretexto para ofrecer al sur un paisaje que se desvanece. Quien sabe si no se trata de una moda que se extenderá más de lo previsto, para lo que habrá que esperar al devenir de los meses.

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup