Internacional, Opinión

Evangelium Solis: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres»

En esta semana volvemos a traer a Gente de Paz, la meditación sobre el Evangelio de este Domingo. Desde este Domingo se comienza a leer el Evangelio de Marcos. El Evangelio de Marcos es el correspondiente al ciclo litúrgico asignado para este año. Durante unos treinta Domingos vamos a proclamar lo más importante de este Evangelio. El Evangelio de Marcos es el más breve y menos sistemático, pero es muy rico en vivacidad para los hechos que se narran.

“Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,14-20):

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.

Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Palabra del Señor”

Después de los años que Jesús vivió de manera oculta en Nazaret con sus padres, después de pasar cuarenta días en el destierro y dejarse bautizar por Juan, Cristo tenía las cosas muy claritas sobre cuál era su paso por la tierra. Durante el resto de su vida se dedicaría a proclamar la Buena Nueva de la salvación. El mensaje que nos quiere decir es claro y conciso. «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Cualquieramos diría hoy que esta fórmula la inventó cualquier profesional del mundo de la publicidad. Jesús le advierte a su gente que ha terminado ya el tiempo de espera. Hay algo novedoso que ya está aquí, que viene a nosotros. Su venida no depende de lo que nos esforcemos nosotros, sino que depende de la Voluntad de Dios. Ha sido el Señor el que se ha saltado los plazos y ha aparecido en medio de nuestro mundo. Y lo ha hecho sin avisarnos, sin pedirnos permiso. Y ahora, como se suele decir, la pelota está en nuestro tejado, en nosotros está decidir de acogemos ese Reino que viene a nosotros o no. Y en estas últimas palabras de Jesús donde nos invita a la conversión y a creed, las dirige para que podamos acoger el Reino de Dios de manera correcta en nuestras vidas.

Vemos que Jesús ya ha crecido, ya no es el niño de Belén, al que hace poco cantábamos villancicos y adorábamos en los nacimientos de nuestras casas. Y lo más importante, es que Jesús tiene algo que decirnos. Nos habla como personas adultas que somos, nos invita a cambiar de vida, a convertirnos. Y nos invita a convertirnos para que podamos acoger el Reino de Dios que está cerca. Porque el tiempo se ha cumplido. Ya no valen excusas, Dios ya está entre nosotros y nos está llamando a cada uno por nuestro nombre.

Por ello, el mensaje de Jesucristo, que primeramente parece dirigirse a todos los que escuchan su palabra, aunque de una manera general, termina por hacerse un mensaje concreto. Sus palabras, son dichas directamente a Simón y a su hermano Andrés. Y para el hijo del Zebedeo, Santiago, y a su hermano Juan. Cristo pasa al lado de ellos y los deja inquietos, ya que los llama. El Señor los invita a que se conviertan, a que le sigan, en definitiva, a que sus vidas cambien. Él les da una misión. Lo de ellos ya no va ser pescar peces, lo suyo va a ser pescadores de personas, para que así puedan reunir a la familia de los hijos de Dios, y puedan convocar a todos los llamados a participar en el Reino de Dios.

Pero hoy, somos todos nosotros los que escuchamos esta Palabra que Jesús nos dice. Hoy en 2018 Jesús pasa junto a nosotros, pasa a nuestro lado, y nos invita a cada uno de nosotros, con nuestras historias particulares a convertirnos porque el Reino está cerca. Y al pasar a nuestro lado, nos llama por nuestro nombre y apellidos, nos llama a cada uno de nosotros para que le sigamos, para que seamos sus discípulos, para que seamos sus amigos, para que participemos en la misión de evangelizar en este mundo que nos ha tocado vivir. Jesús cuenta con cada uno de nosotros para que entre todos con nuestra vida y nuestro testimonio intentemos reunir a los hijos de Dios perdidos y alejados del Señor. Y así formemos la familia, que es la Iglesia. Os digo que el tiempo apremia, como nos dice San Pablo: “¿Vamos a perder también esta oportunidad?”. Os aseguro que merece la pena aprovechar esta oportunidad, os aseguro que merece la pena intentar llevar el Amor de Dios a la gente que nos rodea.