La investigación sobre el origen del fuego y el alcance real de los daños continúa mientras se exigen mejoras en la seguridad del monumento
La Mezquita-Catedral de Córdoba aún conserva el persistente olor a humo que dejó el incendio ocurrido en la noche del viernes, un suceso que, pese a haberse controlado rápidamente, ha despertado serias dudas sobre las condiciones de seguridad en el interior de este emblemático monumento declarado Patrimonio de la Humanidad. El fuego se originó alrededor de las 21:00 horas en una capilla utilizada como almacén, afectando también la capilla contigua de la Anunciación, situada en la ampliación de Almanzor, construida en el siglo X.
El deán de la Mezquita-Catedral, Joaquín Alberto Nieva, confirmó que el siniestro causó daños «muy pequeños«, aunque visibles en la bóveda y muros cercanos al muro oriental del templo. La cubierta de la capilla de la Anunciación se derrumbó a primeras horas del sábado, y el retablo con una pintura del siglo XIX resultó especialmente afectado. Por su parte, la capilla destinada a almacenaje presenta daños más severos, con una de sus columnas apuntalada para evitar desplomes.
La rápida intervención del cuerpo de bomberos permitió que el fuego no se extendiera hacia la parte más antigua de la Mezquita-Catedral, como el mihrab o la estructura original del siglo VIII. Sin embargo, este incidente ha reabierto el debate sobre el uso que se da a ciertos espacios dentro del monumento, en particular la función de almacén que una capilla desempeñaba. La Plataforma Mezquita-Catedral ha expresado públicamente su preocupación y crítica hacia esta práctica, cuestionando si un espacio declarado Patrimonio Mundial debería ser utilizado para almacenamiento, especialmente cuando la prevención de riesgos parece insuficiente.
Miguel Santiago, portavoz de la Plataforma, ha denunciado la falta de prudencia al abrir el monumento al público apenas unas horas después del incendio, sin permitir una investigación exhaustiva ni la reflexión pública sobre el alcance del daño. Además, alertan de que si la investigación determina que el fuego fue resultado de una negligencia, este hecho podría constituir un delito contra el patrimonio cultural.
Por su parte, José Juan Jiménez Güeto, canónigo de la Mezquita-Catedral, defendió que el uso de la capilla como almacén está previsto en los planes de autoprotección del monumento. No obstante, reconoció que el Cabildo había adquirido inmuebles externos para trasladar estos enseres, buscando aliviar la carga en el interior del templo. En el Plan Director de 2000, aprobado por la Junta de Andalucía, se establece la necesidad de descargar los espacios de almacenamiento situados dentro del edificio.
El arquitecto Rafael de la Hoz, responsable de intervenciones previas en la Mezquita-Catedral, subrayó la importancia de contar con un plan específico y permanente que regule los diversos usos del templo: turístico, religioso y de mantenimiento. Señaló además la creciente presencia de mobiliario, cableado y equipos que convierten el espacio en un lugar multifuncional, lo que incrementa el riesgo de incidentes.
Sobre el derrumbe de la cubierta de la capilla de la Anunciación, el jefe de bomberos explicó que la estructura de madera, al sufrir una carbonización superficial por el incendio, perdió resistencia debido a la reducción de la sección portante de las vigas, provocando su colapso.
En cuanto a la restauración, el Cabildo asumirá la responsabilidad, contando con un fondo de contingencia para emergencias. Esta actuación requerirá la aprobación de la Junta de Andalucía y la Delegación municipal de Urbanismo, aunque se mantendrá la supervisión y seguimiento por parte de la UNESCO y el ICOMOS, organismo asesor de la ONU especializado en patrimonio. La consejera andaluza de Cultura, Patricia del Pozo, ha manifestado su compromiso para agilizar los trámites necesarios.
Este incendio también ha reavivado las críticas acerca de la titularidad del monumento. La Iglesia obtuvo la titularidad mediante inmatriculación en 2006, un proceso cuestionado por numerosos sectores, que reclaman que la institución eclesiástica sea la encargada de sufragar los costes de reparación.
El alcalde de Córdoba, José María Bellido, ha pedido una colaboración firme entre las administraciones local, autonómica y estatal para garantizar la recuperación de este icono cultural.
Mientras se continúa con la evaluación técnica y los trabajos de restauración, el aroma a quemado en el interior de la Mezquita-Catedral permanece como un recordatorio de la fragilidad de este legado histórico y la urgente necesidad de reforzar las medidas para protegerlo y evitar futuros incidentes.





