Buenas tardes. Pido permiso para dirigirte unas palabras en este día tan especial. Imagino que en los últimos 12 meses ha cambiado tu vida radicalmente. Ciertamente ha sido un año complicado, de incertidumbre y mucha preocupación. Todos hemos sentido al unísono ese choque frontal con una realidad totalmente desconocida.

Hace dos milenios una fuerza también desconocida y tan impresionante como el mismo Dios, quiso bajar al mundo para inundar de Esperanza a la humanidad. Fue en Belén. Buscando un modesto portal como puerto en el que desembarcar; y el vientre de la mujer más pura de la tierra como tabernáculo perfecto.
El Dios de Dios y Luz de Luz nacerá esta medianoche en cada casa, en cada familia y en cada corazón. Y posiblemente no lo notemos mañana al despertar, ni pasado, ni la semana que viene, ni la otra. No se trata de poder sentir, sino de querer sentir. Igual que hemos percibido cada abrazo virtual a tantos familiares y amigos en estos meses, aún sin poder tocarnos.
El niño Jesús vive siempre en nosotros; y teniéndolo cerca nada nos puede atormentar ni cohibir. Absolutamente nada. Es hora de sentirnos agradecidos y gozosos por su llegada, por la vida, por todas las personas que nos quieren y por la fe en el Señor. Brindemos por una Navidad de oración y un año 2021 cargado de salud, paz y amor. Con todo mi cariño te deseo: ¡Feliz Navidad!





