Una feria con raíces sagradas: Córdoba conmemora los 360 años del hallazgo de la Virgen de la Salud, origen de su Feria de Mayo

A pesar del predominio del pensamiento laicista en amplios sectores de la sociedad contemporánea, que tiende a desdibujar los fundamentos espirituales de muchas de nuestras celebraciones tradicionales, aún subsisten voces que reclaman —con convicción y respeto a la verdad histórica— el legítimo lugar que merece la religiosidad popular en el calendario festivo andaluz. En este contexto, resulta especialmente revelador recordar que la actual Feria de Mayo de Córdoba tiene su germen en una devoción mariana: la veneración a Nuestra Señora de la Salud, cuya historia, aunque hoy silenciada o minimizada, fue durante siglos eje espiritual de estas fiestas.

Una leyenda fundacional con aroma de historia

Corría el año 1665 cuando, según las crónicas populares, dos humildes labradores del barrio del Alcázar Viejo, Simón del Toro y Bartolomé de la Peña, cultivaban un modesto terreno en las inmediaciones de las murallas de Córdoba. Durante las labores agrícolas, el arado dejó al descubierto la entrada de un pozo. Movidos por la curiosidad, descendieron por él y, en un hueco del aljibe, hallaron una pequeña imagen de la Virgen María, posiblemente oculta durante las persecuciones religiosas sufridas por los cristianos mozárabes en época islámica. La talla, de barro cocido y expresión serena, fue considerada desde entonces como portadora de favores celestiales, ya que numerosos testimonios relataron curaciones milagrosas obradas por su intercesión y por las aguas del pozo.

La imagen recibió el nombre de Nuestra Señora de la Salud, y en el mismo lugar de su hallazgo se erigió una modesta capilla, que años más tarde se transformaría en ermita. La popularidad de la Virgen se extendió rápidamente entre los vecinos de Córdoba, convirtiéndose en centro de peregrinaciones y celebraciones festivas.

De la devoción al rito festivo: génesis de la feria

El hallazgo de la imagen no solo dio origen a un nuevo foco devocional, sino que inspiró la construcción de una ermita en su honor, que fue paulatinamente ampliada y embellecida. La actual fábrica, diseñada por el arquitecto Ignacio Tomás, data de principios del siglo XIX y responde a una sobria estética neoclásica. En su fachada principal puede leerse la inscripción latina Salus Infirmorum (“Salud de los Enfermos”), flanqueada por una imagen de la Virgen con el Niño.

La inauguración de la nueva ermita coincidió con la Pascua de Pentecostés, fecha en la que se organizó una velada y una procesión solemne desde el convento de San Pedro el Real, acto que —según la documentación de la época— marcaría el nacimiento espontáneo de una fiesta vecinal que pronto adquirió carácter popular. Aquellas reuniones en torno al santuario de la Virgen de la Salud, con rezos, cánticos y celebraciones, fueron consolidándose año tras año hasta dar forma a lo que hoy conocemos como la Feria de Nuestra Señora de la Salud, aunque el nombre original ha sido progresivamente eclipsado por formulaciones más genéricas como “Feria de Mayo”.

De la ruina a la restauración: memoria rescatada

La ermita y la propia imagen mariana vivieron tiempos de abandono en el último tercio del siglo XX. Riada tras riada, robo tras robo, la devoción se fue apagando, aunque no sin resistencia. La talla fue rescatada en un estado de considerable deterioro, pero posteriormente restaurada con esmero. La ermita fue encomendada a la custodia de los Padres Esclavos de la Eucaristía y de María Virgen, quienes han velado desde entonces por su conservación y culto.

Así, la Virgen de la Salud ha regresado a su morada original, no solo como reliquia del pasado, sino como símbolo viviente de la espiritualidad popular cordobesa. En ella perviven las raíces auténticas de una Feria que, aunque hoy se exprese con códigos más lúdicos que devocionales, nació como un canto de gratitud y veneración mariana.

Una oportunidad para recuperar la memoria

En este 2025, cuando se conmemoran trescientos sesenta años del hallazgo de la imagen, cobra especial sentido reivindicar el sustrato religioso de nuestras fiestas tradicionales, no como imposición, sino como parte inseparable de nuestra identidad cultural. La historia de la Virgen de la Salud es, en este sentido, una invitación a mirar la Feria de Córdoba con ojos nuevos, reconociendo que bajo el bullicio de las casetas y las luces late el corazón de una ciudad que durante siglos vinculó su alegría festiva a la intercesión maternal de María.

Porque una ciudad que olvida sus raíces, corre el riesgo de perder también su alma.