La Banda de las Tres Caídas de Triana acompañará este domingo la procesión de Jesús Nazareno en el cierre de las Fiestas Mayores de Priego

Nazarenos

Priego de Córdoba se prepara para vivir el colofón de unas jornadas intensas en devoción y memoria. Este domingo culminan las Fiestas Nazarenas en honor a Nuestro Padre Jesús Nazareno, una de las celebraciones más arraigadas en el calendario religioso y popular de la localidad. La procesión, que recorre las calles del centro histórico, estará acompañada este año por la prestigiosa Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, de Triana, un detalle que añade aún más solemnidad al esperado cortejo.

La salida se producirá desde el Compás de San Francisco, y el itinerario previsto recorrerá enclaves emblemáticos como San Francisco, Cruz de la Aurora, Carrera de Álvarez, Ribera y Paseíllo, continuando por Carrera de las Monjas, Plaza Palenque, Obispo Pérez Muñoz, Tucumán, Rinconcillo, Río, Angustias y Mesones, para concluir por Obispo Caballero, la esquina del Jesusico, San Francisco y retorno al Compás de San Francisco, lugar de entrada.

La génesis de estas fiestas se remonta al año 1654, cuando, como exvoto por el fin de una terrible epidemia de peste bubónica que asoló la ciudad en 1650, se decidió instaurar un novenario de misas cantadas durante el mes de mayo. Esta determinación fue tomada bajo el gobierno de Pedro Carrillo de Gámiz, entonces hermano mayor de la cofradía, y marcó el origen de unas celebraciones que con el tiempo adquirirían un profundo sentido litúrgico y comunitario.

Entre las causas que motivaron su instauración, los historiadores apuntan a tres hipótesis complementarias: la propia epidemia, una grave sequía que afectó la región a comienzos de la década de 1650, y la influencia normativa del Concilio de Trento, que propició la proliferación de cultos penitenciales y actos de reparación.

El crecimiento espiritual y popular de estas fiestas continuó en siglos posteriores. En 1659 se levantó la primera capilla dedicada al Nazareno, y en 1669 se incorporó el rezo del Miserere todos los viernes de Cuaresma. Su consolidación definitiva llegaría en el siglo XIX, cuando en 1836 la reina Isabel II fue nombrada hermana mayor, y en 1885 la hermandad fue agregada canónicamente a la Basílica de San Pedro de Roma.

El acervo musical que acompaña estos cultos es igualmente notable. La hermandad fue acumulando una valiosa colección de obras compuestas específicamente para los actos de mayo: desde la Misa a dos y cuatro voces de M. Vázquez, hasta la más solemne Misa en sol mayor de Antonio Palancar. Destacan también piezas como las Peticiones de Jesús Nazareno de Antonio Honrubia, el Aria, Plegaria y Coplas de Carlos Valverde y Laureano Cano, o la Misa a cuatro voces y orquesta de Gómez Navarro, sin olvidar las aportaciones locales de agrupaciones como Compases Rociaros y el Grupo Rociero.

A la par que los cultos religiosos, desde el siglo XIX comenzaron a organizarse rifas populares como fuente de financiación. En un principio se celebraban en la sacristía de la iglesia, con productos agrícolas donados por los fieles. Pero fue en 1942 cuando adquirieron una dimensión pública, ocupando durante tres noches —sábado, domingo y lunes— el Compás de San Francisco. Para el sostenimiento económico de las fiestas se instituyó también la llamada “cuota voluntaria”, asumida originalmente por los hermanos oficiales.

Por el púlpito de San Francisco han pasado predicadores de extraordinaria elocuencia, como Melchor de Benisa, Pedro Alcántara Hernández, Luis Calpena y Ávila, o más tarde, ya en el siglo XX, el padre Pildain, José María Padilla, fray Justo Pérez de Urbel, el padre Quevedo, el obispo Félix Romero Mengíbar o Casimiro Pedrajas, entre otros.

El aspecto musical de la procesión ha contado también con un rico historial de intérpretes y formaciones: José Pareja, el barítono Julio Vidal, los tenores Emilio Ángel Platas y Fernando Carmona, así como agrupaciones como el Batallón del Ministerio de Marina, la Banda del Regimiento Soria X, los Trompetas de la Guardia Civil de Córdoba, la Banda de Cornetas de los Maristas de Priego, la Coral Santa María de la Victoria, la Coral de la Ciudad de Granada o la Banda de la Cruz Roja de San Fernando.

En el oficio religioso del Domingo de Jesús, la tradición impone el canto de la I Misa Pontifical de Lorenzo Perossi, en cuyo final Jesús Nazareno imparte su bendición a los fieles congregados, en un ambiente cargado de fe y emoción. La imagen es expuesta en la nave central de la iglesia de San Francisco, sobre un monumental retablo floral, confeccionado con decenas de miles de flores donadas por los devotos. Cada año, manos expertas diseñan un fondo único, con el que los prieguenses rinden tributo al que consideran su “Rey”.

El Domingo de Jesús, la procesión adquiere un tono de majestuosidad pausada. A hombros de sus costaleros, el Nazareno avanza entre los sones de las marchas, acompañado por hermanos, mujeres de mantilla, fieles y devotos. Este año, el acompañamiento de Tres Caídas de Triana, icono sonoro de la Semana Santa sevillana, marcará el compás de una jornada que se antoja inolvidable.