El artista sevillano, que no deja de asombrarnos, presenta en Puertollano su magnífica obra “Vuelve la vida”, segunda entrega de la serie de cinco cuadros sobre el Santo Voto
En la jornada de este viernes, la localidad manchega de Puertollano ha sido testigo de la presentación de la última obra del pintor sevillano Fernando Vaquero, uno de los máximos exponentes de la pintura religiosa y cofrade contemporánea. Este espectacular cuadro, un óleo sobre lino de 135 x 95 cm, constituye la segunda entrega de una serie de cinco lienzos que narran la historia del Santo Voto a través del arte.
Un canto a la vida y al renacimiento de un pueblo herido
Bajo el título “Vuelve la vida”, la obra se presenta como una continuación luminosa y esperanzadora del primer cuadro, que relataba la tragedia de la peste en 1348. Según explica el propio Vaquero, esta pieza es “un canto a la vida, a la fe y al renacimiento de un pueblo herido”. Mientras el lienzo anterior mostraba la súplica desgarradora de los supervivientes arrodillados ante la Virgen, esta nueva pintura irradia un abrazo cálido y una sonrisa esperanzadora, símbolos inequívocos de la resiliencia.
“Entre sombras y luz: la epopeya del Santo Voto cobra vida en el pincel de Vaquero”
Una escena impregnada de vida y simbolismo
El cambio de perspectiva es notable: “Si en el cuadro del año pasado estábamos dentro del templo contemplando la desolación, hoy nos situamos en la plaza, bajo un cielo claro y limpio, viendo cómo el pueblo vuelve a la vida.” La puerta abierta de la iglesia, otrora marco del horror, ahora es un “umbral de esperanza,” testimonio de la cicatrización de las heridas colectivas. Los calderos humeantes simbolizan la abundancia y la promesa cumplida, mientras los vecinos se acercan con calma y gratitud, en una atmósfera festiva que abraza a cada persona.
En el centro de esta impresionante joya pictórica, un padre eleva a su hija hacia el cielo, un gesto que va más allá del físico para convertirse en un acto de ofrenda y afirmación de vida: “¡Estamos vivos! ¡Volvimos a nacer!” La sonrisa de la niña, entrecortada por el llanto, representa a todo un pueblo que ha aprendido a caminar de nuevo, sin olvidar su pasado.

El arte como memoria, redención y esperanza
La iglesia permanece como testigo silencioso, habiendo visto el horror y contemplando ahora la redención. Tal como señala Vaquero, “esta pintura no borra la pena: la honra, la transforma, la eleva.” La obra sintetiza el ciclo completo de dolor, miedo, promesa y renacimiento, instando a los espectadores a contemplarla no solo con los ojos sino con el alma.
Aunque técnica y formato coinciden con la obra anterior, este segundo capítulo supuso para el artista un reto mayor: representar la alegría auténtica es, según sus palabras, una tarea mucho más difícil que expresar el dolor. “Espero haberlo conseguido,” afirma con humildad y emoción.
“El eco de un renacer: pintura, fe y vida en un instante eterno”
Inspiración personal y universal
La inspiración de esta obra no solo proviene de la historia y documentación previa, sino también de un recuerdo íntimo: el gesto espontáneo de Vaquero al final del confinamiento, cuando tomó a su hija en brazos y la elevó al cielo, símbolo de alivio y gratitud. Este momento grabado en vídeo fue la chispa que encendió el cuadro, transformando una vivencia personal en un símbolo colectivo.
Dedicada a Julia, su hija, la obra representa la risa y la vida que renace. Como en la pintura anterior, existe una versión en cartel con faldón que incluye la inscripción “Santo Voto 2025” y un detalle significativo: el logo de la Hermandad de Señoras de la Virgen de Gracia integrado en la letra “O” de “VOTO,” símbolo delicado y poderoso que da unidad y sentido a toda la composición.
Un agradecimiento y un compromiso con el arte y la historia
Finalmente, Fernando Vaquero agradece profundamente a la Hermandad por confiarle un año más este encargo especial, que permite que el arte siga siendo en Puertollano “la mejor forma de contar una historia”. Esta obra magnífica, espectacular e impresionante confirma la posición del artista sevillano como una de las voces más relevantes y renovadoras dentro del arte religioso y cofrade contemporáneo, capaz de transmitir con maestría técnica y hondura emotiva las más profundas emociones humanas a través de la fe, la memoria y la esperanza.





