La chicotá de Nandel | «Cuidado con Javi Baena»

No quería escribirte amigo, ni despedirme de ti, o al menos hacerlo más que con la pena, la rabia que llevo dentro, por lo injusto que veo ahora mismo todo.

Me parece increíble que tan pronto os hayáis ido, tanto tú, como Pepe.

Recuerdo cuando me llamaste para decirme que tu íntimo amigo nos había dejado, y recuerdo también aquellas mañanas frías donde nos recogía con «Metallica» a toda voz y nos llevaba a la oficina, pues nos buscaste un trabajo que no hacíamos, y solo cobrábamos, porque tú eras así, un trampantojo donde si algo parecía lo que parecía, no era más que un burdo engaño para beneficio de los que te rodeaban, pues tú querías y te la jugabas por el que contigo estaba.

Gracias a ti, o en parte a ti, me pagué la oposición que me da el trabajo que hoy en día tengo.

Me acuerdo cuando te sorprendiste tanto, tanto, porque escribiese aquel artículo que todo el mundo sabe, y que creó un revuelo monumental en las elecciones que perdiste aspirando a ser Hermano Mayor de la Esperanza, hermanos sin Hermandad, o algo así se llamaba creo recordar.

Te sorprendiste, aunque a muchos le sorprenda, – ya que de esto nadie ha hablado, ni yo tampoco, y quiero hacer justicia – porque tú no me pediste nada. Ni me llamaste, ni me avisaste del suceso, fue Pepe el que me comentó algo y yo solamente até los hilos de una madeja injusta, como la que ha demostrado ser la vida para ti, más aún en los últimos diez o doce años.

Eras poco de pedir, hasta que tuviste que hacerlo, y sé que para ti fue duro, tanto el momento como las consecuencias, y te moviste por extremos, pero a eso ya estabas acostumbrado porque vivías así, para lo mejor y lo peor, y visto el resultado, poco lo hiciste, pues otros sin grandes resultados en su insulsa vida, van a tener más oportunidades que tú, y las van a desperdiciar.

Has demostrado ser un gran padre, mejor hijo, hermano, buen amigo, y conseguiste que muchos dijeran la frase, a tu llegada, a tu paso, a tu marcha, incluso aconsejando al que de ti era ajeno, y que creo ha marcado más tu vida, y que como yo también la he escuchado, más orgulloso me ponía al escucharla de ti, ese, «cuidado con Javi Baena».

Ayudaste a unos, que se aprovecharon de ti como hermano mayor. A otros que delante de tus opuestos callaban, y por la espalda te daban la razón, y muchos, que ahora mismo estarán contando en corrillos, en la feria esta noche, y en grupitos de watsthapp, los amigos que eran tuyos, y no eran capaces de decirlo en público, por miedo a aquellos que decían aquella frase de, «cuidado con Javi Baena».

Si hoy apareces por la feria, y escuchas a alguno hablar de ti, sabiendo lo que tú sabes, o a otros, mintiendo sobre lo que te dijeron, aconsejaron o ayudaron, seguro que los intentas coger del pescuezo, como algún amigo tuyo de verdad debería hacer, es lo mínimo que le debemos a tu memoria, convertirnos en ti y decirle a quien sea, lo que sea, pero a la cara.

Es tu legado, lo que nos dejas, a parte de dos niños que bien orgullosos pueden estar, del hijo de su abuela que ni quiero pensar cómo se encuentra, pues te quería más que a su vida, y seguro estoy que con tanto varapalo que te ha dado la vida y ella ha sufrido, ahora mismo está ya sin vida por dentro, pues ella sí sabía quién eras, pues te veía levantarte para luchar cada mañana, como viniera, y como se presentara la vida, ahí ibas a estar, en la pelea.

Qué sorpresa has dado abajo, y qué sorpresa se van a llevar los de arriba cuando te vean, por la pronta edad a la que te vas, y porque más de uno ya echaría de menos esa frase, la que tanto decía de tus cojones y lo falsa que es la gente en esta mierda de vida, aquel… «cuidado con Javi Baena».