La Hermandad de la Flagelación de Ceuta, con motivo de la celebración de su Centenario, ha presentado el espectacular cartel conmemorativo, obra del prestigioso artista, Fernando Vaquero, en la parroquia de Los Remedios tras su Función Principal.

En este óleo sobre lienzo, de 130×97 cm, Vaquero se ha inspirado en los textos de la religiosa carmelita, Maria Magdalena de Pazzi, una monja con experiencias místicas parecidas a la de nuestra Santa Teresa de Jesús. Entró en éxtasis y tuvo una visión de la flagelación en la que vio a Cristo azotado por treinta parejas de hombres. De ahí, el título «La Visión».
Tal y como narra el autor, desde el primer momento
se le «vino a la cabeza fue la de representar el patio del Pretorio de Pilatos, el lugar donde Nuestro Señor Jesucristo fue atado a una columna y sufrió este martirio. Me interesaba mucho que en la escena pudiera notarse el calor, el sudor de los cuerpos de los soldados, la humedad del ambiente, el dolor de Cristo, el esfuerzo de los soldados, el silencio, incluso el sonido seco de los latigazos». No obstante, lo que hizo que su creatividad eclosionara fue la visión del logo del Centenario de la Hermandad. Si lo observamos bien, «los dos ceros del número 100 podemos verlos también en el cartel en los dos círculos: el del sol y el de su reflejo en el agua. El número 1 a modo de lanza lo vemos aquí también en las lanzas las cuales nos recuerda también irremediablemente a Velázquez. Y por último la silueta de Nuestro Señor, curiosamente, a pesar de ser la imagen más oscura de la escena es donde primero se dirige la mirada del espectador. No nos hace falta ver todos los detalles anatómicos del Cristo, nuestro cerebro inconscientemente los completa».
Treinta y nueve eran los azotes que los judíos daban como máximo. Los romanos, no tenían límite. Sus flagelos eran de cuero con huesos o bolas de hierro; material que, literalmente, abrían las carnes, hacía que sangrara todo el cuerpo. Sólo con ese momento, los reos «solían perder el conocimiento y podían morir».
Pero Jesús no desfalleció, Él murió en una cruz. La cruz de nuestros pecados y que cargó hasta el Gólgota. Y fue descendido y cubierto por una sábana para ser enterrado. La Sábana Santa. Y aquí, Vaquero se detiene en el autor de la Imagen ceutí, pues es obra de Juan Manuel Miñarro. Según los estudios a través de la Sábana, los más común es que el preso fuera castigado por dos flagelantes, uno a cada lado. Así lo ha representado al autor del cartel: «el soldado romano que está a la derecha de Cristo porta en su mano el típico flagrum romano: un látigo con mango corto y con varias cadenas finas de hierro que terminaban en pequeños pesos, con el que se producían terribles daños al reo. Sin embargo, el soldado que aparece a la izquierda de Nuestro Señor porta un látigo largo».
Todo ello está ubicado en un antiguo pretorio, «ajado ya por el tiempo» y en el que «las columnas tuviesen una presencia importante ya que es uno de los símbolos de la Hermandad.
En cuanto a las letras, integradas perfectamente en el cartel, aparece la palabra flagelación, sobre la que aparece el número 100. Comienzan con un amarillo oscuro, a medida que se acerca a Cristo, se van iluminando hasta llegar a la L central, coincidiendo con la cabeza de Cristo.
Fernando Vaquero vuelve a regalar a la historia de la cartelería de las hermandades una nueva obra de arte, a la altura de uno de los artistas más sólidos e indiscutibles del actual panorama de la pintura religiosa y cofrade.





