La Navidad de 2021 ha llegado a nuestras vidas con una fusión de sentimientos contrapuestos que oscilan desde la esperanza por recuperar todo lo que la pandemia nos ha robado y la inquietud porque la evolución negativa de los acontecimientos puedan dar al traste con la materialización de todos los sueños que parecían haber sido definitivamente reconquistados y que las cifras actuales vuelven a poner en entredicho. De ahí que el equipo de Gente de Paz quiera felicitar las fiestas con el que probablemente es el cuadro más cofrade de todos los que componen la representación clásica de este misterio, la Adoración de los Reyes Magos de Rogier van der Weyden, que forma parte del Tríptico del altar de Santa Columba.

Una obra que contiene un detalle extraordinariamente llamativo, todo un spoiler de la época; fíjense en el detalle que se encuentra colgado en la columna que une los dos arcos centrales del portal. Una auténtica declaración de intenciones que evidencia que todo tiene sentido en la medida en que el Hijo de Dios llegó a este mundo para redimirnos de nuestras faltas, a través de la cruz y la posterior resurrección, que es lo que se vive cada primavera por las calles de toda la geografía cofrade.
El Tríptico del altar de Santa Columba es un retablo pintado al óleo sobre tabla hacia 1455 por Rogier van der Weyden para el altar de la iglesia de Santa Columba de Colonia que se exhibe actualmente en la Pinacoteca Antigua de Múnich. Cerrado mide lo que su tabla central (139,5 centímetros de alto por 153 de ancho) y desplegado alcanza a los 293 cm de anchura, sumando los setenta de cada panel lateral. En la tabla central aparece la Adoración de los Reyes Magos. Las figuras están enmarcadas por un fondo arquitectónico, muestra de la influencia del reciente viaje de Van der Weyden a Italia, donde conoció la pintura del Renacimiento meridional, especialmente en la obra de Gentile da Fabriano.

Las figuras están dispuestas como en un friso, con la Virgen y el Niño colocados ligeramente a la izquierda del pilar central del portal de Belén, que se convierte en eje de la composición y que, anacrónicamente, incluye un crucifijo; Jesús recibe las ofrendas de los Reyes Magos que representan las tres edades del hombre, y no las distintas razas, pues aún no era habitual la costumbre de representar a uno de ellos negro. Los paneles laterales muestran la Anunciación (izquierda) y la Presentación de Jesús en el Templo (derecha). El cromatismo, como es habitual en la pintura de Van der Weyden, es vivo y contrastado; se representan con minuciosidad los objetos, como corresponde a la escuela flamenca de pintura.
Rogier van der Weyden, también conocido como Rogier de la Pasture, (Tournai, hacia 1399/1400-Bruselas, 18 de junio de 1464) fue un pintor flamenco. Formado en el taller de Robert Campin, en 1435 fue nombrado pintor de la ciudad de Bruselas. Aunque gozó de considerable prestigio en vida y fue uno de los más influyentes artistas de su tiempo, no se conocen pinturas firmadas ni existe documentación precisa sobre contratos o recibos de pago que permitan asignarle con entera certeza ninguna obra. Las atribuciones se han hecho tomando como punto de partida tres tablas (Tríptico de Miraflores, Descendimiento del Museo del Prado y Calvario del Monasterio de El Escorial) relacionadas de antiguo con Van der Weyden y de las que se puede seguir el rastro hasta los siglos XV o XVI.
Entre las obras atribuidas, junto con pinturas religiosas y de devoción, a menudo formando trípticos que en algún caso alcanzan grandes dimensiones, se encuentran retratos de personajes de la corte de Borgoña, que con frecuencia se presentan también como retratos de devoción en forma de dípticos, y una miniatura, la que sirve de frontispicio de las Chroniques de Hainaut de Jean Wauquelin, cercana a algunos pequeños trabajos sobre tabla como la Virgen entronizada del Museo Thyssen-Bornemisza o el San Jorge y el dragón de la National Gallery of Art. Además, pudo proporcionar los dibujos empleados en la ejecución de retablos esculpidos en madera, como el de la iglesia de la Asunción de Laredo, o en bordados y tapices como el de la historia de Jefté.
Capaz de crear apariencia de vida gracias a la extraordinaria minuciosidad con que aborda los detalles menudos, como las lágrimas que escurren por las mejillas, los bordados de un tejido o la sombra de las barbas mal afeitadas, Van der Weyden rompe en su pintura con los límites entre lo real y lo esculpido al situar a sus figuras en espacios con frecuencia inverosímiles o irreales, con escalas contrarias a la lógica y, sin embargo, intensamente emotivas y de gran fuerza estética por la armonía de sus composiciones.
Nacido hacia 1399 en Tournai, ciudad francesa en tierras de los duques de Borgoña, fue hijo de un próspero cuchillero, Henri de la Pasture, y de demoiselle Agnès de Watrelos, de una clase social posiblemente más elevada que la de su esposo. Cuando se puso en venta la vivienda familiar, a la muerte de su padre, ocurrida a finales de 1425 o en los primeros meses de 1426, no se cita al pintor, posiblemente ausente de Tournai. En 1427 o poco antes contrajo matrimonio con Elisabeth (o Ysabiel) Goffaert, hija de un zapatero de Bruselas y unos cinco años menor, con quien tuvo al menos cuatro hijos: Cornelis (Cornille) y Margaretha (Marguerite), mencionados en un documento de octubre de 1435, en el que también se indicaba que Rogier van der Weyden, de 35 años de edad, tenía fijada su residencia en Bruselas, y Pieter y Jan, nacidos entre 1437 y 1450.
En 1574 se describe en el inventario de la primera entrega de obras artísticas al monasterio: «Una tabla grande en que está pintado Christo nuestro Señor en la Cruz, con Nuestra Señora y Sant Juan, de mano de masse Rugier». El 2 de mayo de 1436 fue nombrado pintor de la ciudad de Bruselas, en la que residió ya hasta su muerte, probablemente sin otra interrupción que un viaje a Roma en 1450 con motivo del Año Santo proclamado por el papa Nicolás V.
De 1455 a 1457 se encargó por decisión municipal de la administración colegiada del hospital del beguinado, el Begijnhof van de Wijnaard, y de su fundación para la atención de los pobres, la institución religiosa y económica más importante de Bruselas. Convertido en un ciudadano rico y honrado, admitido con su esposa en la cofradía de Sint-Jacob-op-den-Coudenberg, a la que pertenecía la élite local y el propio duque, Felipe el Bueno, a su muerte fue enterrado en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula, en la capilla de Santa Catalina, a la que había regalado una tabula y pagado el policromado de una escultura en piedra de la santa. Lampsonius, seguido por Karel van Mander, en el epigrama al pie de la efigie del pintor grabado por Cornelis Cort, elogió sus «obras admirables en tiempos más atrasados que el nuestro», pero también sus riquezas y su generosidad con los necesitados, «el recuerdo de tus últimas voluntades; esas riquezas amasadas por tu pincel dedicadas al consuelo de los necesitados».
Heredó el taller el tercero de sus hijos, Pieter, de quien no se conserva ninguna obra que se le pueda atribuir con seguridad, aunque alguna vez se le ha identificado con el llamado Maestro de la Leyenda de Santa Catalina. El hijo mayor, Cornelis, tras estudiar artes en la Universidad de Lovaina, ingresó en 1449 en la cartuja de Herne a la que Rogier donó una pintura de Santa Catalina. Posiblemente también por esta causa donó a la cartuja de Scheut, fundada en 1454, el Calvario más tarde comprado a los monjes por Felipe II y conservado ahora en el Monasterio de El Escorial, donde ingresó en 1574. De los dos hijos restantes se sabe que Margaretha falleció en 1450 y que Jan, el menor se dedicó a la orfebrería.
Bibliografía
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