Araceli. Explica Antonio Díaz Arnido en sus redes sociales que ese nombre, Araceli, significa «Altar del cielo». Y su carácter hace alusión a ese significado claramente.
Ella ha sido a sus 96 primaveras la primera vacunada contra el Covid en España. Su pinchazo podría calificarte de bendito, pues con la mayor naturalidad del mundo se ha santiguado antes de recibir la dosis; y ha agradecido a Dios la protección después.
Es un gesto muy común, no se lleven a error. Lo de encomendarse al Señor, digo. Todos los hacemos, por mucho que nos pongamos la máscara de modernos adoradores de los adelantos científicos. Recurrimos a Dios en un examen, la cita del médico, una operación, el carnet de conducir, un enamoramiento o la propia muerte.
Y además ocurre en cualquier clase de personas, desde creyentes hasta agnósticos. Se puede defender lo que cada uno crea mejor, pero la oración es una constante en un momento u otro de la vida humana.
Araceli ha sido el mejor ejemplo. Ella solamente ha recibido un pequeño pinchazo. Obviamente siempre hay riesgo, por mucha efectividad que tenga la vacuna. Ella lo sabe, y recurre a la fe. Siempre ha sido así, queridos lectores. Ciencia y religión. Religión y ciencia. Una dualidad aparentemente opuesta, pero sin duda complementarias en la práctica.
Fíjense a dónde llega esta unión que las facultades de Teología estudian a filósofos y científicos que han hecho grandes avances en la humanidad; al tiempo que se combinan con Santos de la talla de Tomás de Aquino o Buenaventura.
Yo realmente pienso que nacen de la misma raíz. La fe siempre necesita algo de pragmatismo para completarse, llámese señal o detalle preciso de ciertos actos sagrados. Miren ustedes el caso de Lourdes o de Fátima y la barbaridad de criaturas que pisan aquellos lugares después de las famosas apariciones de la Virgen.
Y al mismo tiempo la ciencia bebe de la fe. La Tierra es redonda porque alguien empezó creyendo en su forma circular. La electricidad nació del sueño de crear un mecanismo que generara luz artificial. Y la vacuna que hoy ha recibido con gusto Araceli se ha originado a partir de la esperanza que miles de científicos han puesto en obtenerla.
Sencillamente la propia realidad nos da la razón. Nunca ha existido rivalidad. Ciencia y religión siempre se han dado la mano, y hoy nos lo ha demostrado Araceli rogando a Dios mientras se vacunaba contra la epidemia más potente del primer tercio del siglo XXI. Ella sí que entiende.





