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La Chicotá de Nandel, Opinión

Gracias, Guardián de almas

Hoy no quiero saber nada. No estoy atento a nada. No quiero escuchar a nadie. No puedo soportar tonterías, ni a los dueños de las mismas. Hoy no tengo un buen día, quizá ya mañana, serás quien de nuevo, cuando hablemos, me hagas tener ganas de sonreír.

Las noticias no eran buenas, te querías marchar, y he querido decirte un hasta luego, un hasta pronto, un te quiero, y sobre todo, darte las gracias, las gracias por todo, y en nombre de todos los de mi casa, y de muchas casas, donde siempre fuiste uno más. Miembro de aquella familia, que formaban familias, siendo una gran familia, y se llamaba Hermandad de la Paz y Esperanza.

Estoy llorando, gimiendo, y mi pecho arrecia e intenta poner un tapón a mi respiración, pero quiero sacar este dolor escribiéndote, me consta que sobre todo te encantó un articulo de los míos, de hace poquito, tú sabes cuál es, hablaba de alguien que fue el culpable de no tener hoy en día un nuevo palio tuyo, con el que coronar a la Reina de la Paz el año que viene, que por cierto decías que no estarías, o quizá, o que no, o que nadie sabe, pero que al final, llevaba yo la razón, por muy cabezón que seas, vas a estar con Ella, y es más, mañana también estarás con tu Virgen de los Ángeles.

Es la primera vez que quizá, un hijo haya criado a tantas Madres, alimentado con sus manos, y sobre todo, tantas noches en vela, con una cabeza que lo aguantó todo, por ello era especial, única y de un talento inimaginable. Qué poco te gustaba dormir, y cómo te gustaba ir siempre corriendo más que la vida. Fíjate si la vida corre, que hasta a tí ha conseguido alcanzarte.

Cuatro o cinco apretones a tu mano he podido darte esta mañana, pero ni he podido ni he querido estar más tiempo, porque yo sé que tú no me querías ver llorar. Quisiera agradecer tanto a sus familiares como al Hermano Mayor de la Sangre, que ha hablado para que pudiera verte, decirte ese adiós, pues odio las despedidas, pero el respeto, el agradecimiento, está por encima de los gustos, y sé que te has ido con una sonrisa, y has sentido el amor de tantos, sobre todo de Antonio, tu Antonio que ahora, será tus manos, tu vista, tu gusto, tu, quizá, herencia mejor cuidada, que también has dejado como regalo a tu Córdoba.

Juanma, desde la lejanía no para de llorar, pero yo sin ganas de reír, he conseguido que lo hiciera, porque ¿para qué estar tristes, si ya sabemos que has resucitado? Ya estás en la gloria, aunque la gloria de Rafael, ahora te echará en falta, y ya son muchos los que faltan en ese bendito templo cordobés, del que no nos damos cuenta, pero hablaremos toda la vida.

Tu cuadro, que preside mi habitación, con tu Macarena, siempre será un recuerdo inolvidable. Tu marquito y la foto de Fray Leopoldo, seguirán conmigo. Cosas materiales que ahora, tienen un valor incalculable, pues tú vas a vivir en ellas, y vas a seguir conmigo. Tu banda, que tanto te gustaba, la de la Virgen de los Reyes, también se ha acordado de ti, dicen que estuviste hace poquito con ellos, en el Carmen, y que las risas y como no, tu sabiduría, hicieron como cada momento que regalabas, un momento inolvidable.

Sé que te vas a reír cuando leas este trocito, pero lo que te tienes que estar alegrando, ahora, que es tu momento de haber demostrado que el amor, la amistad hay que vivirlos, en el momento, y demostrarlos, que quien te quiso ahora no está arrepentido, y que quien te vendió por 30 monedas, o, miró hacia otro lado, o dejó al dueño de las 30 monedas que también lo comprara con su dinero para darte de lado, comprenderá que su error ya es irreparable, pero sé que te ríes, porque te gustaba que te dijera estas cosas, y porque ya es irreparable, y también te gustaba eso, dejar cosas inacabadas como castigo venial y aprendizaje.

Cádiz, de dónde trajiste a un Señor que como tú, ahora, guarda Silencio, pero que se romperá en una conversación donde Él, imponga tus manos sobre tu cabeza, te bendiga, y te haga guardián de almas, guardián de Córdoba, guardián de tus amigos, de la Semana Santa Universal.

Dios te salve María, llena eres de gracia, coronada por Ángeles en Sevilla, amada y Señora del Santo Rosario en San Pablo, Virgen de la Encarnación, Merced, Paz, Esperanza, Mayor Dolor, y sobre todo Ángeles del Cister, cuidad a nuestro guardián.

Y quizá se de cuenta el Padre, que o tú no querías, o nosotros no estábamos preparados, pues se ha roto el corazón, duele mucho este hasta luego, hasta pronto, y en por eso en vez de adiós, solo puedo darte las gracias.

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