Hablemos de Derechos

Sí, como el título indica, tratemos el asunto de los derechos.

Se podría definir derecho, como la facultad que posee una persona o un individuo, frente a terceros. Existen derechos, que son inalienables, es decir, que no se pueden renunciar a ellos y deben de ejercitarse, en todo momento. Estos derechos, no se adquieren, nos vienen dados por el mero hecho de ser personas. Otros, muchos derechos, se van adquiriendo, o se pueden carecer de los mismos, y en absoluto, hay obligación de ser ejercidos, si se poseen.

Como se me ha enseñado, esta cosmovisión de los derechos actuales, contiene su origen en la Revolución Francesa, con el lema, por todos nosotros conocido, (Libertad, Igualdad y Fraternidad). Así, comenzó la nueva concepción del Estado Moderno, que es el ente garantista de los derechos que disfrutamos.

El camino recorrido, hasta el día de hoy, no ha sido sencillo, y es así, como se me ha hecho saber, porque personalmente, carezco de tal conciencia por mi inexperiencia y juventud. En cambio, en el momento actual, puedo percibir, como aun no estamos del todo satisfechos con los derechos que poseemos. Sí, a esto, le añadimos, que a mi entender, el hombre es insaciable por naturaleza y además imperfecto, nunca llegaremos a tocar techo, y a consecuencia de ello, una satisfacción plena a lo que se refiere. Cuando, esto último ocurre, se produce lo que es conocido por “indignación”.

Del mismo modo, si hay derechos, es porque existe obligaciones, estando (las obligaciones) un poco olvidadas, y pasando, a un segundo plano, porque todo parece que son derechos y más derechos. No solo los terceros son lo que tienen las obligaciones hacia quién posee el derecho, también el mismo poseedor del derecho tiene obligaciones. Para ilustrarle, le propongo un sencillo ejemplo. Nuestros, pequeños, tienen el derecho a la educación, y a consecuencia, derechos de infraestructuras, profesionales, educativos y materiales. Asimismo, poseen las obligaciones de asistir a los centros educativos, para que se le pueda impartir los conocimientos, de esforzarse en el aprendizaje, de realizar las tareas o deberes, y de estudiar.

Subrayo, que en estos últimos años, y recientemente, nuestra sociedad, está confundiendo o equivocándose, entre derechos y dones. Dones que incluso se han legislado. No voy a hacer referencia a estas cosas, que son dones, que la vida misma nos da, porque habrá quién pueda sentirse ofendido por considerarlo derechos. De igual manera, voy a poner otro pequeño ejemplo para que usted pueda entenderlo mucho mejor. La amistad es un don y no es un derecho. Hasta el día de hoy creo que nadie ha confundido el don de la amistad con un derecho. Pues imaginasen, por un momento, que ahora la amistad es considerada y reconocida como un derecho ¡Qué locura! ¿Verdad? Así es lo que ocurre con muchos aspectos, que usted únicamente tendrá que pararse un poco a reflexionar para reconocer lo que pretendo transmitir.

Continuando con la misma línea de confusión existente, entre derechos y dones, llego al punto donde quería con este artículo. Se ha trasladado la equivocación al ámbito de nuestra relación personal con Dios. Nos encontramos ante la errónea idea que también tenemos unos determinados derechos, pero estas vez con el mismísimo Dios, creador, omnipotente, y todopoderoso. ¡Qué desfachatez!

Los supuestos derechos, que no lo son, que son Dones, son múltiples y por nombrar algunos: un Dios que nos ama; un Dios que se preocupa por mí y por usted; el acceso hacia los sacramentos; se ha encarnado, para sufrir una muerte de Cruz; pertenecemos a un Pueblo escogido por Dios, la Santa Iglesia;… Todas estas cosas, y muchas más, que no he detallado, se nos olvida que son Dones. ¡Qué mal acostumbrados estamos!

En este periodo de Cuaresma, en el que nos encontramos, lanzo la siguiente pregunta al aire:

¿Qué derecho tenemos a la Redención?