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El viejo costal, 💙 Opinión

Han roto una cruz…

Han roto la cruz de la fuente de la Cuesta del Bailío, esa cuesta con esos 32 benditos escalones, realizados todos, menos uno, con el característico adorno decorativos de “chino cordobés”, esa puerta de paso de la muralla uniendo la parte alta de la ciudad con la parte baja, abierta por los romanos, y que remodeló en la década de los 40 el arquitecto D. Víctor Escribano Urcelay, maravilloso rincón, de los pocos que quedan, con ese encanto peculiar de las cosas simples, pero magníficamente hechas.

Ahí desde hace 90 años, casi un siglo, con el mismo aspecto, bueno casi con el mismo, ya que ha desaparecido el portón de la huerta del convento del Santo Ángel, y la cuesta ha pasado a ser una escalera de amplios y cómodos escalones, por la que he visto pasar los mejor de nuestra Semana Santa, y algunas heroicidades, recuerdo alguna chicotá eterna, entre otras muchas cosas.

Y ahí arriba estaba antes de la actual fuente una aguada, y sobre lo más alto del altozano la casa que fue de los Fernández de Córdoba, con esa simple fachada representación de la típica arquitectura cordobesa del siglo XVI, todo en una silenciosa armonía, encalada y adornada casi únicamente por el celeste del cielo en lucha con las buganvillas que se descuelgan de cada una de sus paredes como queriendo escapar, y silencio mucho silencio, raramente roto, rincón significativo de nuestra ciudad.

Y sin embargo ha sido atacado, también he visto arder iglesias en América, radicalismos inexplicables que arrasan centenarios edificios en los que nunca entraron, de los que solo conocen seguramente su aspecto exterior, locura insana, odio radical, sin conocimiento ni ganas de tenerlo.

Y por otra parte un grupo importante de los cofrades de nuestra ciudad con ganas de salir a las calles con nuestros pasos, sea como sea en este próximo año, cosa que creo que ahora no toca. La penitencia es algo íntimo de por sí, personal y nunca exhibible, nada de lo que presumir.

Y eso que me gustan los guiones completos, extendidos en las calles, los pasos a costal, y la música de zapatilla, pero ese no es nuestro principal problema, ahora no es necesario hacernos visibles.

Ahora toca más bien el trabajo invisible, la ayuda silenciosa que siempre hemos dado, pese a quien le pese, no hacemos política social, ayudamos a la sociedad. Y mientras que unos queman iglesias en otro lejano continente, y otros destrozan monumentos que nunca hicieron nada salvo facilitar el acceso al agua y poseer símbolos pacificadores, nosotros debemos centrarnos en lo importante, en la obra social de nuestras hermandades, se ve venir una etapa desastrosa para las más débiles economías.

Y si eres como el elemento que ha destrozado la cruz de la fuente de la Plaza de María Santísima de la Paz y Esperanza, que así se llama el altozano de la Cuesta del Bailío, si no te afecta nada que se tengan reservas en el banco de alimentos, en Cáritas Parroquial o en los comedores sociales, si no te afectan que ardan iglesias, o si solo deseas que “salgan los pasos” y no quieres ver nada más, entonces lamento decirte que eres como ese único escalón, sin adornar con chino cordobés que hay en la cuesta, estás junto con todos, eres uno más, necesario, pero tan distinto a los demás.

Ahora solo necesitamos ser todos iguales desprendernos temporalmente de algunas tradiciones y aportar toda nuestra fuerza para ayudar, ya sabes dar, dar hasta que te duelan las manos.

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