Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

Hermandades de niños… otra vez silencios de hermandades

Tiempo hacía que este nazareno no levantaba su cirio en su procesión. Tiempo de apartarse un poco de la fila, para ver pasar la procesión desde otra perspectiva. Dejar de participar en ella por un momento, para ver el paso de los demás nazarenos.

Hubo un momento en el recorrido de esta procesión que es la vida en la que el pensamiento se me fue al momento en el que el itinerario terminara y llegásemos al Templo.

Pero hoy se me fue la mente a aquella primera ocasión en la que vestí el hábito nazareno y salí solo junto con mis hermanos a recorrer este Camino. Vestía una túnica pequeña, sin manchas aún de cera; esa cera que te va manchando el hábito inmaculado a medida que van pasando “chicotás” en la procesión. Cera que te cae por los empujones de quienes te rodean, o simplemente por levantar y bajar tu cirio. Hábito sin manchas en los bajos por caminar por las calles.

Ahora, cuando la túnica tiene restos de manchas que ya no se quitan, y cuando la capa que te da la experiencia sigue soportando los goterones de cera de tus hermanos, miro con cariño y nostalgia a esos niños que visten esclavina o con roquete; monaguillos que viven la procesión ajenos a todo lo que se mueve a su alrededor, inconscientes de todo lo que conlleva hacer la procesión.

Nazarenos niños que son todo Luz, nazarenos niños que sólo siguen a sus mayores, protegidos por ellos.

En nuestras hermandades es una alegría ver cómo son cada vez más los que nutren el grupo de niños que visten el hábito. Son el futuro de nuestras cofradías y la tranquilidad de saber que habrá continuidad.

Cuando la lluvia sorprende en mitad del recorrido, son los primeros a los que se protege; cuando todos corren, siempre está el “pavero” pendiente de su pequeño redil. Que nadie los toque, que ninguno se despiste…

Por ello quiero volver a reflexionar sobre la celebración de la Vida, cuando han pasado los días de estío y se aproximan nuevamente los días de la Natividad de Jesús.

Se acercan los días en que, en nuestra mente y en nuestro corazón, olvidaremos momentáneamente la imagen que tenemos de la Virgen de nuestra devoción, lacrimosa, dolorosa, desamparada ante la muerte de su Hijo, para imaginárnosla con ese Hombre al que azotan y crucifican hecho un Niño en su regazo. Nuestra Virgen viviendo momentos de felicidad y plenitud ante la inmensa alegría de ver a su Hijo nacido entre sus brazos.

La misma alegría que cada madre goza al tener a su pequeño recién nacido. Esos pequeños que, con el paso del tiempo, vestirán el hábito nazareno para la procesión de la vida y recorrerán las calles del día a día. Esos pequeños que garantizan la continuidad de esta Hermandad que es la Humanidad.

Pero… lo que nos vuelve a rodear es de nuevo lo contrario. No sólo se ha vuelto a dar rienda suelta a la posibilidad de que cada cual pueda marcar el momento en el que dar por finalizada su procesión personal entre nosotros, sino que se protege y fomenta que esos pequeños futuros nazarenos no puedan vestir su túnica jamás, sin dar opción a comenzar esta procesión.

Como dije hace tiempo, ¡qué tiempos nos tocan vivir cuando, como pude ver a través de mi cubrerrostro, leí hace muy poco la siguiente reflexión: Madres que dejan morir a sus hijos (aborto) e hijos que dejan morir a sus padres (eutanasia)!

En unos tiempos en los que hemos convivido con la enfermedad y la muerte a nuestro alrededor… en unos tiempos en los que contar por centenas los fallecimientos ya no nos estremecían… en unos tiempos en los que parecía que la Vida vuelve a abrirse paso, se nos cuela de nuevo la posibilidad de dar por Buena la Muerte.

Pero no ya la propia, sino la muerte de quien no tiene opción a defensa alguna. Y lo que es totalmente inhumano: la muerte decidida por quien, por naturaleza, es la persona llamada a salvaguardar y proteger de todo mal a ése a quien opta por matar.

De nuevo, como ya expuse en su día con la eutanasia (llamada eufemísticamente derecho a una muerte digna o suicidio asistido) es algo en lo que los cristianos no podemos permanecer impasibles o quedarnos al margen. No debemos olvidar jamás que somos Iglesia, nosotros y las Hermandades a las que pertenecemos. Y, por consiguiente, estamos dentro de la doctrina de la Iglesia Católica y de su moral. Y todo aquél que no tenga esto cristalino dentro de su pensamiento, está claro que ha equivocado el lugar al que acude para dar cabida a sus pasiones y anhelos pues esto no se trata solamente de altares, flores, cera, pasos, chicotás, ensayos y giros de tres marchas seguidas.

Sigo esperando que nuestras Hermandades, a través de sus Hermanos Mayores, se dirijan a nosotros para mostrar el posicionamiento que los cristianos, los hermanos de una Corporación católica y cofrade, debemos tener todos unidos ante el aborto (llamado también, con toda la carga posible de cinismo, interrupción voluntaria del embarazo).

Aquí no hablamos siquiera de una decisión sobre el momento en el que terminar con la vida propia. Hablamos de decidir no permitir la continuidad de una vida que no es la nuestra. Eso siempre se ha conocido como homicidio. Y si hablamos de un hijo, que no tiene la más mínima opción a decidir, a defenderse, a protegerse, el homicidio alcanza ya unos grados de sadismo y de inhumanidad que sólo se ven en nuestra especie.

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que quienes defienden el derecho al aborto son personas que están aquí. Personas que no han sufrido el aborto como sujetos pasivos. Personas que no se han visto en la situación de sentir que les quitan la vida mediante tenazas y fórceps, o sustancias químicas que te envenenan. Así es muy fácil defender un derecho, porque sabes que jamás va a poder volverse en tu contra.

Sólo me queda pensar en que estos nazarenos a los que no les han dejado vestir su túnica, forman un cuerpo de ángeles vestidos de monaguillos y esclavinas, jugando entre esos nazarenos que han llegado al Templo antes que nosotros.

Mientras continúo mi caminar, seguiré esperando que las Hermandades se pronuncien y se pongan del lado de la Vida, y no se pongan de perfil, como acostumbran. Aunque cada vez con menos esperanzas de que esto suceda.

Tomen nota las Hermandades… no siempre se puede ser de Silencio. Porque hay silencios que matan. Hasta la próxima bofetá.

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