El Capirote, 💙 Opinión

Homosexualidad y cofradías

En la semana del orgullo el periodismo de investigación ha demostrado estar a la última. Como cada año la lista de los cien homosexuales más influyentes del país ha visto la luz y ABC ha abordado en sus páginas las parejas que ha tenido Pablo Alborán. Y me pregunto yo: ¿para cuándo un reportaje con las personalidades gays más influyentes del mundo cofradiero?

Porque así, casi sin pensarlo, se me viene a la cabeza el díscolo periodista que de vez en cuando saca a pasear su mala educación, el bordador que llenaba una conocida red social de vídeos donde se podía ver a maduros con jovencitos o el friki recientemente casado al que vieron en tierras cántabras hace unos años comiéndole la boca -perdonen la expresión-, literalmente, a su amigo. Y digo friki -según la Rae, «que es extraño o estrafalario»- porque exactamente no sé a qué se dedica tal personaje. Aunque también desconocemos cómo llegó a estar donde está.

No nos engañemos, la orientación sexual no tiene que ver con el estado civil. Los hay casados, divorciados… También en las cofradías. Pero nadie ha salido públicamente a decir que es gay, porque todavía en este mundo de hermandades y cofradías se llevan los capirotes fuera del cortejo y el costal lo siguen soportando cuando no hay pasos en la calle. E incluso hay quien se dedica a tildar de “gay” a un compañero obviando que su entorno opina lo mismo que él -de estos hay en abundancia-.

Pocos caen en la cuenta de lo que supondría la salida del armario de algún cofrade conocido para aquellos chicos que no pueden vivir con libertad su orientación en un mundo tan férreo y rancio en este aspecto como el de nuestras cofradías. Y menos aun los que libremente dejan de hacer una doble vida a sabiendas que sus creencias van en contra de lo que piensa.

Qué contrariedad que donde hay amor y ayuda al prójimo la superficialidad esté presente. Si algún bordador, orfebre, imaginero, declarase públicamente su condición sexual, los encargos caerían de forma abrupta. Por no hablar de vestidores, donde me consta que uno de ellos estuvo a punto de perder el puesto, siendo de los que mejor viste una imagen hoy.

Las hermandades y cofradías podrían trabajar a la hora de dar normalidad a este tema, pero no nos engañemos. Sería ir en contra de la Iglesia. Y ahí poco pudiera hacerse. Y de cambiar en exceso la posición con respecto a la homosexualidad, veríamos con qué prontitud alguna que otra hermandad enarbolaría la enseña de LGTB.

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