Hoy te escribo a Tí y solo a Tí

Hoy, más lejos de tu mirada de lo que me gustaría, te escribo a Tí y solo a Tí. Cada 18 de diciembre los sentimientos se agolpan en mi cabeza, sé que es día grande en casa, sé con certeza que las miradas que te dirigiremos hoy son más puras que nunca. Las horas del día se convierten en una eterna acción de gracias a Tí, un nuevo año que se resume de nuevo a tus plantas.

Como siempre con buen abrigo, es buen día para perderse por la naves franciscanas en las que aprendí a andar, a soñar de nuevo con un abrazo en el patio y con ponerme la túnica bien planchá… Es día Madre, de un imaginario olor a incienso y de una marcha que nunca dejará de sonar… Columnaria. Bien sabes Madre que te queremos, pero es que hoy al mirar al cielo solo veremos Contigo el rostro de los cercanos, que han sido bendecidos con la eterna presencia de Tu Gloria. Y mira que es difícil pensar que en este año que acaba hay sitio para Ti, Esperanza.

Te miro a los ojos, y de la mano de grandes y pequeños, por siempre «tus niños», y que hoy nos encontramos a tus pies. Solo podemos decirte que cada día y por siempre, Tú has sido sostén y pilar de las familias en la inacabable pandemia que nos asola. Que Tú, eres luz que guía nuestras almas y que hacía Tí por siempre y para siempre en este día grande de vivencias, recuerdos y acción de gracias dirigiremos nuestras oraciones, porque tanto para los que disfrutan de tu presencia en nuestro rinconcito de San Francisco, hasta para los que añoramos tu rostro desde Italia eres y serás nuestra única Esperanza.

¡VIVA LA VIRGEN DE LA ESPERANZA!